
Secundaria, con S de Súper
Por Daniel Ortiz Celestino
San Luis Potosí
14 de septiembre de 2010
Primera parte
Aaaah, recuerdo con mucho cariño la época de la secundaria. Era un edificio gigante, de cuatro pisos contando la planta baja, con las colosales siglas de la escuela hasta arriba, con un patio enorme, una biblioteca enorme, laboratorios enormes, salones enormes, talleres enormes, maestros enormes, hasta el director era un gigante. Y cómo olvidar a los compañeros del salón, a las compañeras de los otros salones, a los prefectos, las clases, los partidos de fútbol, de básquetbol, las tablas gimnásticas… todo va siendo cada vez más claro ahora que lo escribo…
Fue una época realmente horrible.
Tengo muchos amigos quienes aseguran que la mejor época de su vida escolar ha sido la secundaria, que ahí conocieron a su primera novia, tuvieron a sus primeros mejores amigos, empezaron a valorar a algunos maestros y comenzaron a definirse sus valores. Bueno, pues nada de eso lo viví yo.
Cuando yo entré a la secundaria, venía de una primaria donde mis calificaciones siempre fueron regulares, donde ya tenía a mis mejores amigos, donde las niñas más bonitas que conocía ni se habían metido a la misma secu y mucho menos iban a estar conmigo en el grupo de Máquinas y herramientas porque era de puros hombres. De donde yo venía, sentía que había dejado cierta historia entre mi generación.
En primaria fui un alumno tranquilo que en general se llevaba bien con todos, tenía bastante carisma, era conocido por dibujar y hasta había ganado un concurso, además también fui famoso por haber golpeado a cientos de niños burlones y curiosos en el recreo en un ataque de histeria que me dio un día que choqué con otro niño y me quedó un moretón enorme en la mejilla. Mi vida era muy simple y así estaba comodísimo.
Esa simpleza era lo mejor para mi, mi mente siempre ha tendido a complicar cada pensamiento que genera, cada recuerdo, cada experiencia y, en todo el proceso, la mezcla termina formando cada ocurrencia que por lo general, no consigo explicar claramente ni cómo hacer que la gente me entienda. Por lo tanto, a la tierna edad en que uno es un estudiante de primaria, aprendí que lo mejor era no complicarme las cosas y hasta la fecha, mi lado consciente busca ese camino mientras mi inconsciente jala para donde le da su gana, a veces, solapado por mi curiosidad.
Así que lo menos que quería que pasara en la secundaria era complicarme la existencia, no tanto como pasar desapercibido, pero si mantener cierto orden que según yo, pudiera manejar en mi vida de estudiante parvulito.
En la misma primaria, tuve que lidiar con los niños más abusivos del salón, así que no pensaba vivir lo mismo, desde el primer día en la secundaria pensaba con toda mi convicción, hacer valer mi condición de hombre en formación, de macho en desarrollo, es decir.- de un cabrón bien hecho.
Mi primer sorpresa es que no era el único que se había trazado semejante propósito, aproximadamente era la mitad del salón, así que qué esperanzas de poder conseguirlo en medio de tal variedad de barbajanes. Para cuando pasó la primer semana, la otra mitad del salón ya había entendido que se trataba de la ley de la selva y, o se resignaron a ser sojuzgados o se dispusieron a seguir el mismo propósito que los demás.
Estar en la ETI-1 en 1990, era como estar en Chicago en los 30s rodeado de gángsteres o como estar de militantes del PRI días antes de cada dedazo presidencial. Éramos 54 alumnos en el “B”, todos hombres (si había quienes no lo eran, todavía no se daban cuenta), todos púberes, todos con un montón de energía para hacer cualquier cosa en toda nuestra vida pero dispuestos a gastarla en destruir al prójimo, como dicta uno de los mandamientos no escritos de las secundarias.- “Madrearás a tu prójimo como no deseas que sea a ti mismo”, así que todos estábamos decididos a escalar al podio del éxito, que era el mismo que el podio del gandalla, que era lo mismo que el podio del respeto al interior de clases, que era proporcionalmente inverso al respeto que le educan a uno sus padres.
Cada vez que un compañero del salón se equivocaba o le salía mal algo, no debía faltar otro más que se diera cuenta y había que hacérselos notar al resto del grupo, por ejemplo, si uno tenía las agujetas desabrochadas, alguien se las pisaba mientras caminaba para que cayera, quien caía, no sólo caía al suelo, sino del ranking de respeto de los demás y además, no bajaba un solo sitio o dos; para el resto del grupo, la caída era hasta el final y para recuperar el sitio anterior había que volver a escalar poco a poco, eso significaba, fijarse en los más desprotegidos del salón, “acarrillarlos” uno tras otro hasta alcanzar un lugar decente.
La democracia en el salón no era nada más la Ley del más fuerte, el más alto o el más galán, también era la del más astuto, la del más burlón, la del más simpático, la del menos pen… distraído. Era más complejo de lo que puedo contar, pero eso estaba bien, era lo más parecido al sueño americano, en el salón cualquiera podría ser “el mejor”, significara lo que eso significara.
No quiero ser ambiguo con el discurso, tengo que aclarar que me gustaba mucho mi salón, era un excelente grupo, éramos 54 niños tratando de demostrar a los 53 restantes y al resto del mundo que éramos hombres, cada quien a su manera de entenderlo, Carlos Alejo sacando puros dieces, Daniel Arellano jugando fútbol, Jorge Zárate siendo el más subversivo, Max Novelo haciendo comentarios ingeniosos, el Guerra golpeando de manera más salvaje, aunque no quiero encasillar a mis ex compañeros con un solo adjetivo, todos siempre fueron mucho más que lo que querían aparentar en la escuela.
Pronto todos los lugares para ascender en la escala de respeto estaban ocupados, yo por supuesto era reconocido como el dibujante y desde ahí pude conseguir cierta protección que más adelante contaré, pero desde el primer día “el Negro” o “el Chiste” quiso agarrarme de su costal de box, como era más alto, lo primero que pensé fue que si ese día me dejaba, ya no iba a poder quitármelo de encima, así que lo agarré de la camisa y le di un fuerte cabezazo. En la misma semana, alguien más trató de tirarme al suelo y ya que tenía el brazo en mi cuello, lo único que hice fue morderlo con todas mis fuerzas, así que Carlos Torres Trejo exclamó “¡No mames, pinche monstruo!” y así se me asignó el apodo de “el Monstruo”.
En esos días, estaban pasando en Imevisión una caricatura que se llamaba My Pet Monster, o sea, Mi Monstruito, ahí había una niña que le decía “Monsi” al personaje y supongo que en el salón se les hizo demasiado gacho decirme monstruo y lo cambiaron igual por Monsi, apodo con el que hasta la fecha, mis compañeros de la Eti se refieren a mi, cosa que más o menos a la tercera semana de haberme bautizado en 1º de secundaria, me dejó de molestar. Ahora me los encuentro y noto los puntos suspensivos cuando me saludan “Hola M… Daniel ¿cómo has estado?”, pero cuando intercambiamos números de teléfono, los corrijo “Pónle Monsi, güey”, les digo.
Los apodos quizá es lo más recordado de cada generación, más que las clases, los maestros y las anécdotas. Un apodo rebasa cualquier recuerdo que se tenga de alguien, comúnmente uno no recuerda los nombres de algunos compañeros de escuela, a veces ni siquiera cómo eran o qué hicieron, un buen apodo en una persona que lo sepa portar, nunca se olvida.
En la escuela estaba “el Tortuga”, “el Satán”, “el Masaca”, “el Crispín”, "el Pinocho”, “el Pinga”, “el Chango”, “el Chespi” y los apellidos que funcionaban como apodo “el Calvillo” “el Alejo”, “el Uso”, “el Guerra”, “el Zapata”, etcétera.
El caso es que conmigo, “el Monsi”, ya no se animaban tan fácil a fastidiarme, porque sabían que se llevarían a casa una lujosa impresión de mis dientes, literalmente, la mordida les duraba todo un fin de semana.

2 comentarios:
SR.Monsi
es usted una reata para plasmar bien las caracteristicas de nuestro grupo y deje decirle que supero mis expectativas en cuanto al relato se refiere y eso......se goza
gracias por exponerlo asi desde tu perspectiva ....cosa que no se aleja mucho de la mia ....aunque con algunas anecdotas mas bien del tipo encuentro con el tercer tipo pero
felicidades y buen tino.
Te felicito por esa excelente descripcion. Lo voy a tomar en la pagina de la generacion 86-89 en FB. Esta muy divertido y muy realista.
Un abrazo.
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