Entre héroes y heroínas
Por: Daniel Ortiz Celestino
30 de abril de 2010
Conservo muy pocas libretas y libros de la época de primaria, los problemas de matemáticas del libro Alfa no están resueltos, están rayados con dibujos, a veces los veo y me acuerdo de lo que había pasado en ese momento, así que finalmente si aprendí algo.
En 4º la maestra Marthita me sentenció a ser un niño ejemplo, porque era paciente de mi tío, el Doctor Samuel, a quien ella consideraba una eminencia, “ojalá seas dedicado, educado y atento como tu tío” me dijo, pero en todo 4º no lo conseguí, cada vez que me regañaba, me decía "no eres como tu tío, te debería dar vergüenza", el mismo problema se repitió en otros años y con otros comparativos, después yo le heredaba a mi hermano David la mala reputación y él tenía que batallar para limpiar su nombre, por eso odio tanto los prejuicios y las comparaciones.
Ese mismo año llegó Nidia, no fue el primer día, pero si la primera semana, es una lástima que ni en facebook, twitter o aquí haya encontrado a tan pocos ex compañeros de primaria, porque seguramente confirmarían que fue nuestra Winnie Cooper o Kelly Kapowsky, un día la pusieron a cantar el himno nacional y lo cantó como los ángeles, otro día se enojó y habló como los camioneros, en las dos ocasiones todos nos quedamos con la boca abierta, así fue el contraste siendo ella de un abierto Veracruz y vista por unos conservadores potosinos.
Cuando entré a clases en 5º año, me tocó sentarme a un lado de la puerta, mero adelante y atrás de mí estaba una niña de nuevo ingreso llamada Rosario, nos hicimos muy buenos amigos y un día me defendió porque no me dieron un premio de un concurso de dibujo, después como es propio de la edad, yo dejé de hablarle para que no supieran que me gustaba, ya ven que en primaria eso es un crimen.
En ese grado tuvimos dos maestras, la primera no me acuerdo cómo se llamaba, la segunda era la maestra Lupe, una vez involuntariamente supo que los niños son de Marte y a ella le tocó ser Venus, Omar y Fernando estaban jugando no sé qué y cada uno tenía que girar como si fueran planetas hasta marearse, la maestra salió del salón y por no voltear a ver, rebotó en Omar y casi se cae, quien se lo manda por andar desafiando el espacio-tiempo llamado recreo.
Un día estábamos jugando fútbol con un bote de Frutsi relleno de papeles, cuando ya no sirvió, se nos hizo fácil agarrar una lata de jugo Jumex y seguir jugando, terminó el recreo y llegó un niño de 1º llorando y con un chipote gigante, la maestra le dijo que pasara a señalar quien le había hecho eso, mientras yo estaba con la vista puesta en un dibujo de la libreta pensaba “qué desgraciado fue el que le hizo eso al pobre niño, ojalá lo castiguen bien chid…” de pronto volteé al frente y el niño había llegado hasta mi lugar a señalarme. Era el primo de Rosario y eso fue el último clavo a la lápida de esa amistad, hasta la fecha no volvimos a hablarnos, aunque mejor dicho, no la he vuelto a ver.
El primer día de 6º llegamos a clase con el maestro Miguel, un tipo alto, flaco y bigotón, buena gente, pero me daba la impresión que él tenía sus broncas y estábamos muy al margen de sus ocupaciones, incluso de sus obligaciones, por lo que el salón se volvió Sodoma y Gomorra... bueno pues, es exagerado el comparativo, digamos que se volvió el viejo oeste para niños.
El grupito de gandallas que nunca falta en cualquier salón de educación básica que se respete, nos hizo ver nuestra suerte a las demás tribus escolares, una tarde, cuando veníamos Fernando y yo de las maquinitas, nos corretearon por la calle, nos alcanzaron, me quitaron los zapatos y los aventaron a la azotea de una casa… de tres pisos; así que después Fernando y yo tuvimos que subir hasta allá para rescatarlos.
En otra ocasión, “la olla”, un tipo gigante, gordo y de cachetes generosos, estaba fastidiando a Fernando, los demás se reían de lo que “la olla” le decía y cuando ese niño ogro pensó que la dosis diaria era suficiente, se volteó para salir de la fila, Fernando se levantó con un lápiz afilado al que todo ese rato le estuvo sacando punta y corrió a encajárselo en la espalda, “la olla” quedó tirado boca abajo sin saber qué había pasado, cuando sus amigos llegaron, se acercaron a felicitar a Fernando por haberlo “golpeado”, porque “ya se había pasado de sangrón”, “la olla” se quedó tirado e inmóvil hasta que alguien dijo “¡Ahí viene el maestro Miguel”, se levantó adolorido y se fue su pupitre sin decir una sola palabra.
El Tavo (Octavio) es quizá el amigo más noble que he conocido, es tranquilo, sensato, prudente, reservado y mide 1.90 desde que nació, siempre lo andaban buscando para los equipos de básquet; Julio, otro compañero del famoso grupo de “carrillas”, estuvo burlándose de él y otros compañeros nada más para pasar el rato, Tavo se levantó, lo agarró de la ropa y lo azotó contra la pared, enseguida Octavio se dio cuenta que se había transformado en algo que nunca había visto y lo soltó, Julio se quedó mudo. Para mi, el Tavo merecería una estatua en la escuela que dijera “el héroe de los oprimidos”, a mi me quedó claro que cuando Tavo da el manazo en la mesa, es que ya aguantó mucho, ahora lo veo muy poco, pero tiene todo mi respeto, no por su fuerza física y capacidad para infundir miedo, sino por su nobleza e integridad.
Ese mismo Julio recibió un borradorzazo del profe y otro día cuando estaba jugando básquetbol, al agarrarse del aro no se soltó bien, se cayó y quedó convulsionándose. Hace unos diez años me lo encontré, me pidió que le consiguiera alguien que le pudiera llevar serenata a su novia, casualmente unos días antes me había encontrado a Juan Manuel, otro ex compañero de la primaria que tocaba la guitarra, nos fuimos de gallo y todo salió muy bien, desde entonces, cada vez que nos encontramos me saluda muy afectuosamente.
Esa es la breve historia de mis primeros días en cada año de kinder de 1982 al 84 y primaria desde el 84 al 90 agregando anécdotas de otros días que sin saberlo en ese momento, significaron tanto para formarme el carácter, algún día contaré otras cosas que aquí no mencioné pero el recuerdo está fresco, cómo olvidar los honores a la bandera, los partidos de béisbol, la marcha de Zacatecas al regresar del recreo, las salidas a las maquinitas, el baile de graduación, las pláticas de la directora cuando entraba al salón a contarnos su vida, los días festivos, los días de vacaciones, las tardes de juegos en el callejón por la casa, en fin. Ya contaré esto en otra ocasión.
El kinder era el 20 de noviembre, la primaria donde estuve se llama Heroínas mexicanas (quisiera saber por qué escogieron ese nombre tan feminista), todas las calles en las que crecí como es común en México, tienen nombres de héroes patrios, Damián Carmona, Aquiles Serdán, Ignacio Altamirano, Mariano Matamoros, Coronel Espinosa, Ponciano Arriaga, Netzahualcóyotl, Pedro Montoya, etc. Sé que ni los héroes ni las heroínas nacionales son tan heroicos, pero sé que es la parte que debe cubrir el estado, el kinder conmemora la fecha de inicio formal de la revolución mexicana y la primaria honra a las féminas patrias, se supone que los héroes son necesarios para hacernos crecer y saber cómo podríamos resolver nuestros asuntos siguiendo su honorable ejemplo.
Hoy que la institución patria está tan lastimada, que los héroes nacionales están (para bien, creo yo) tan desmitificados, que siento vergüenza de lo que se ha convertido este país por nuestra propia indulgencia, estoy convencido que lo mejor que puedo hacer es honrar con la redacción de estos recuerdos a esos niños y maestros que me hicieron sentir una patria, que me dieron memoria y que me forjaron el carácter, después de todo, la personalidad se define en esa edad.
Me gustaría que hubiera más textos recordando momentos de la niñez, esa revisión al pasado es la memoria histórica que tanta falta nos hace para ser mejores y avanzar en la vida, ayuda recordar que no hemos sido tan nefastos, tontos, brillantes, inútiles, fieles, leales o nobles, invariablemente nos confirma que fuimos niños y en mi caso particular, uno muy feliz en esa época.

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