viernes, abril 23, 2010

La valiosa ilusión

(O cómo ser bipolar en un solo texto)

Por: Daniel Ortiz Celestino

San Luis Potosí S. L. P.

México

Uno debería preferir siempre entre lo

imposible probable que entre lo posible improbable

Aristóteles[1]


El dibujo es el oficio que practico y que me sirve de base para realizar muchos de mis razonamientos sobre cualquier cosa, por lo que me parece importante para fines personales, iniciar buscando un posicionamiento como disciplina con el objetivo de generar un debate sobre lo que es el arte buscando un modelo hipotético para encontrar lo relativo de manera conciente y avanzando en la comprensión de estos términos mediante errores y aciertos.


Según wikipedia, dibujo significa tanto el arte que enseña a dibujar, como delineación, figura o imagen ejecutada en claro y oscuro, que toma nombre del material con que se hace. El dibujo es una forma de expresión gráfica, plasmando imágenes, una de las modalidades de las artes visuales. Se considera al dibujo como el lenguaje gráfico universal, utilizado por la humanidad para transmitir sus ideas, proyectos y, en un sentido más amplio, su cultura.


Es la disciplina que sustenta todo el arte gráfico, es debatible argumentar que pudiera ser cualquier disciplina artística, pero para fines prácticos quedará pendiente esa discusión, parcialmente el dibujo es la base de cualquier disciplina artística.[2]


Aunque es conveniente revisar la definición de cualquier término según modelos homogéneos para concensuar los planteamientos, también es conveniente tomar en cuenta la percepción, analogías o metáforas que hagan desde ciertos particulares hasta las culturas.


El dibujo consta de puntos y líneas, aunque prácticamente son la misma cosa, la línea es una sucesión continua de puntos interminables e infinitos, cada una tiene dos sentidos y una dirección y pueden ser de varios tipos. [3]


Mientras que para el artista Paul Klee, la línea es un punto que salió a caminar, para Christian Wolff la mano, expresa en sus movimientos, la realidad de lo que pensamos y sentimos en un lenguaje no verbal.[4]


El dibujo y la escritura tienen la ventaja de ofrecernos los aspectos más vivos y dinámicos de cada personalidad, registrados por el propio sujeto.[5]


Dibujar para mi es hacer cualquier cosa, mi mente traza líneas todo el tiempo para tomar rutas hacia alguna parte, desde concretar el rumbo de una plática hasta materializar una idea.


Puede maravillar ver una estrella en el cielo y saber que ese punto es una entidad viviente que seguramente ya ni está ahí e incluso tal vez en este momento ni exista, igual sorprende ver una playa dorada conformada por millones de diminutos granos de arena, cada uno contribuyendo a darle forma a la costa y todos alternando la superficie con las olas del mar.


La superficie es además del punto y la línea, otro elemento dentro del dibujo, para Wassily Kandinsky, el punto es la ínfima forma temporal[6], o sea que la superficie no es necesariamente el plano inmóvil, sino el espacio-tiempo, es decir que un punto inmóvil en el espacio-tiempo, representa una línea y la sola percepción de este hecho genera un dibujo.


No es de extrañar que desde la prehistoria, los hombres representaran en los techos y paredes de las grutas lo que consideraban importante transmitir o expresar y esto deviniera en mostrar que quienes pudieran mostrarle a los demás aquellas representaciones, fueran respetados y elevados a categoría de súper hombres, los elegidos por las deidades o como en el caso de Prometeo, los desafiantes de los dioses y benefactores de la humanidad.


El proceso tradicional inicia cuando la punta de un lápiz toca el papel, cuando un punto se convierte en línea y éstas van ocupando su lugar en la superficie, en el espacio, es la forma más inmediata de ejemplificar el principio de la teoría general de la relatividad sobre la materia que no se crea ni se destruye, sólo se transforma.


Este fenómeno genera códigos y lenguajes que para ser comunicados y ampliados, deben ser entendidos por los demás, este proceso es del que se encargan los comunicadores, que pueden ser personas encargadas de diferentes disciplinas, los oradores, los escritores, los músicos, etc. Aunque antes, como seres visuales, quienes materializaran una idea y la hicieran visible ante los demás, eran quienes podían generar con mayor facilidad la comprensión y difusión de dichos códigos, los hombres que contribuían a mostrar una visión abstracta de lo real, pero tangible en tanto estaba trazada en una superficie, eran los traductores de lo inexplicable, yo los llamo los dibujantes, porque es mi ensayo, alguien los llamará diferente, el más conciliador diría que son los artistas o los comunicadores, pero como estoy tratando de desarrollar una idea, me daré esa licencia creativa, prometo que no serán muchas sin justificación.


Contrario a lo que se enseña sobre la igualdad de todos los hombres ante la ley, ese principio es difícil conciliar en esta época en que todos buscamos ser diferentes, las leyes del hombre son inconciliables con sus diferencias, las características congénitas de cada quien y eso es impedimento para que todos las respeten de igual manera, los verdaderos artistas, los científicos y los magos no sólo tienen la tendencia a no seguirlas, sino que en la práctica, quien pretenda hacer algo diferente tampoco debe respetarlas con el mismo rigor.


Al decir leyes del hombre no quiero diferenciarlas de las leyes de dios, sino de las leyes de la naturaleza, esas no las pueden violar los hombres, tal vez los extraterrestres o los súper hombres, -no creo que haya por qué pedirle a Superman que no vuele o que no sea súper fuerte. En cambio, los hombres que sí vivimos en el mundo real -o sin importar de las percepciones de mundos reales pero si bajo una sensación de realidad en tanto lo inmediato en tiempo y espacio de varios individuos nos afecta los unos a los otros, que somos a razón de más del 99% de la población mundial (supongo, porque en mi capricho personal quiero dejar abierta la posibilidad de que haya efectivamente algún súper-humano, -efectivamente, lo sé, otra licencia creativa).


Mi planteamiento e intención del ensayo es aún una difusa pero entusiasta teoría descriptiva, busco choques y contradicciones mientras redacto el texto, inevitablemente sustento al tiempo que intuyo cuestionamientos que de no colocar conceptos con pegamento, se caerán como la primera casa que sopló el lobo feroz, pero igual avanzo, es mejor ser cazador que presa cuando se busca algo.


Mientras, el hombre común, tiene que conformarse con la cotidianeidad, con la rutina, con el orden, porque así es como podemos vivir en sociedad, también quien la desestabilice tendrá que ser atendido por los aparatos represivos del Estado, si alguien se cansa de la rutina y quiere salir a destruir edificios públicos, el Estado se encargará de “reincorporarlo a la sociedad”, si alguien quiere caminar por la calle sin ropa, el Estado a través de la policía, se encargará de corregir esa falla o alteración al sistema.


El ser diferente sólo es un privilegio plenamente reconocido en ciertas áreas y bajo ciertas condiciones, como el deporte, una persona puede ser la mujer más rápida del mundo, pero si parece hombre, como la Sudafricana Caster Semenya, si rebasa cierta “normalidad” como por ejemplo, que tenga músculos muy desarrollados, que le salga vello corporal o incluso el caso extremo e impensable como ser hermafrodita, pues ya no está bien visto aunque sean condiciones con las que haya nacido predispuesta genéticamente.


En cambio, si hay que ser como Michael Jordan o Pelé, excelentes atletas haciendo hazañas deportivas como ganar montones de partidos en el último segundo o llevar a sus equipos a coronarse en campeonatos mundiales, pueden hacer cualquier cosa y todos esperaremos esos momentos de genialidad donde nos hagan mostrar lo diferentes que son de la gente común y a dónde deberíamos aspirar esos comunes y corrientes ciudadanos, pero hay un acuerdo de facto entre los deportistas más sobresalientes y el resto del mundo…


Los atletas deben mostrar que son los mejores, que nada los detiene, que pueden con todos los retos porque para eso están ahí, pero jamás deben mostrar lo extraordinariamente especiales que son fuera de la cancha, en la vida real. Ahí tienen que ser como cualquier persona, en el fondo lo son, digo, nada más llevan al máximo sus cualidades deportivas con años de preparación, pero después de los halagos, los gritos, las efusivas ovaciones que en cada partido les profesan los aficionados, ahora resulta que tienen que ir de compras como cualquier persona, firmar autógrafos con toda humildad y demostrar que fuera de la cancha son mejores personas que los demás siendo condescendientes para sublimar sus cualidades.


Así que el día que se hartan de esa complacencia y simplemente mandan al diablo a su público porque son diferentes y ven como una clara prueba que a ellos si los vitorean, pagan por ir a verlos jugar (y divertirse haciéndolo), les piden autógrafos y en cambio al resto del mundo no, los demás tienen (tenemos, dijo mi conciencia mártir) que soportar su rutina de trabajo haciendo cosas que no les gustan sólo para tener un poco de dinero, pues… Ergo, son diferentes, Ergo, no hay por qué portarse igual que el resto de la sociedad, al fin y al cabo, sin ellos la sociedad no tendría esos momentos de bienestar, al menos ese es el razonamiento que deduzco por la actitud de varias de estas celebridades.


Y ese ejemplo que empecé con el deporte, pasa en cualquier ámbito, el mejor ejemplo que se me ocurre es Michael Jackson “Es un gran entretenedor, pero es un monstruo que coge niños” escuché muchas veces antes de su muerte, otros casos similares son Elvis Presley, Marlon Brando, Maradona o Tyger Woods, cada uno con sus adicciones complementando sus exitosas carreras.


Aunque estoy tratando de enfocarme en el papel del dibujante, esto aplica a cualquier manifestación artística, sólo planteo que el dibujante es igual una persona que traza líneas con grafito que uno que lo hace con los pies o con sonidos, pero que los amantes de esas disciplinas lo justifiquen desde su ámbito, ya bastante trabajo me cuesta argumentar desde el mío.


Hay un oficio que está por encima de todos en cuanto a su encanto y fascinación histórica y espectacular y es característica de todas las personas que hacen cosas diferentes a los demás, que llevan a otra condición los estándares, es el mago y la magia.


Decimos que Michael Jordan volaba en sus partidos, o que Pavarotti cantaba en el escenario como los dioses, que Michael Phelps nadaba como tiburón en las pasadas olimpiadas, todas hazañas superiores para cualquier hombre, más acercadas a lo sobrenatural, a la magia. El truco está en modificar la apariencia de las cosas, en la representación, en el simulacro y las simulaciones.


Los magos siempre han sido las personas diferentes de la sociedad, siempre han sido quienes muestran cosas extraordinarias al resto del mundo, eventos sin explicación que después de asustar, generan la admiración del público.


La magia es el espectáculo más antiguo del mundo, siempre usado en base a la razón, la ciencia, lo mundano y el arte. El funcionamiento del mago es más o menos así.- El mago razona algo, busca una explicación, lo ubica dentro de la realidad, piensa cómo se aplica a su entorno, si es de utilidad para él y el resto de la sociedad, después, lo cuenta de forma transformada simulando otra cosa. Aunque nunca le dice cómo ni para qué funciona y puede ser aprovechado por la gente, cosa obligatoria para otros trabajos.


La máxima es “Un buen mago nunca revela sus secretos”


La principal pregunta es ¿Cuál es el objetivo de la magia?


Según la película de Christopher Nolan, The Prestige (el gran truco) [7]todo gran acto de magia consta de tres actos.- La promesa: El mago muestra algo ordinario, pero como es de esperar, probablemente no lo sea. El Giro: El mago hace que ese algo, realice algo extraordinario. La Prestidigitación: Es la parte en la que ves algo que jamás has visto antes.


Al final del día, el mago[8] hizo su espectáculo y satisfizo a la audiencia, pero la magia tiene que ser un acto temporal, enseguida, el público tendrá que regresar a su casa y continuar con su realidad cotidiana, en la que el mago es inútil, es sólo un ilusionista que no modifica la realidad con su trabajo, sino que muestra una alteración de esa realidad, otra representación de las cosas, una alternativa donde el espectador puede aspirar o no, donde la mente del público cumple con lo acordado se deja engañar a condición de mantener su razonamiento y sus cinco sentidos al tanto del acto de magia.


Un buen mago podrá no tener la utilidad de un zapatero, de un carpintero o un legislador, pero al contrario de cualquier otro oficio, siempre busca un público inteligente y nunca lo subestima, para ser el mejor, necesita ser el más perfeccionista y cuidar hasta el mínimo detalle, debe tener conciencia que las fallas implicarían sólo dos opciones, el fracaso total del acto o un repentino y enorme acierto que enriquezca su labor.


El mago puede jugar a equivocarse, pero al final del acto, no debe mostrar ninguna falla. La prestidigitación es lo más importante para el mago, el ser reconocido por engañar a los demás es lo que lo hará trascender.


Cuando la perfección es absoluta, no hay nada qué arreglar y todo está para destruirse, los oficios tradicionales buscan componer todo lo que como sociedad vamos destruyendo o que como entes finitos, tenemos que renovar, arreglar o sepultar, el mago es quien conoce mejor los extremos de lo perfecto y de lo imperfecto para jugar con la entropía y mostrar a la gente el orden donde no lo hay o el caos donde no pasa nada, pero si físicamente este acto altera sus vidas, entonces no existe la magia.


El ilusionista no sólo es quien está altamente preparado, también puede ser un completo ignorante, (aunque no disfrutará el engaño que hace sobre los demás sin el conocimiento adecuado) eso sólo aplicaría la primera vez, después de ver la reacción del público, comenzaría a buscar explicaciones. Siempre es alguien en proceso de formación, pero el acto de magia no podría ser de alguien poco preparado, ese es un charlatán, un mediocre o un estafador, el mago muestra un engaño, nunca estafa a nadie porque eso es afectar la realidad del espectador y repercutir materialmente en la vida de otros fuera del acto de magia.


El objetivo del mago es generar la ilusión, mostrar otra posibilidad de la realidad, el objetivo no es convertir las cosas en oro, es generar la ilusión de que lo hay, así tal vez, él tendrá el oro que necesita para vivir, no necesariamente el oro como metal tangible, sino la ilusión del oro que provoca en los demás al engañarlos consintiéndolo.


Poniendo como ejemplo, un tipo legislador, que es quien hace las leyes que nos rigen como sociedad, dirá que si se ve como oro, brilla como oro y se siente como oro, es oro. Mientras que un mago dirá “si se ve como oro, brilla como oro y se siente como oro, puede pasar por oro”. El legislador podría concretar su deducción con una iniciativa de ley que diga todo lo que brilla es oro, mientras que el mago tendrá su próximo espectáculo donde muestre una efímera riqueza de mentiritas para después replantear otra forma de volver a mentir con lo mismo de forma diferente.


Eso precisamente es lo que conecta al arte y a la magia, son lo mismo, por lo tanto el fin máximo del arte es la riqueza, el dinero, antítesis del arte del que hablaré en otra ocasión si no es que cambio de parecer al respecto. [9]


Hay en todo esto escrito, una fuerte y descarada intención de saltar de un tema a otro y mostrar ejemplos concretos desde diferentes perspectivas, lo cual obedece a un propósito más estructural de lo que quiero decir, que es hablar de lo que conozco, soy producto de una época y cultura donde inmediatamente después de salir de un edificio de hace 300 años, puedo ver al mismo indigente en la calle que se podría ver hace veinte años en cualquier ciudad, pasar al lado de un McDonalds que no existía hace 30 años y comentar ambas cosas por twitter que no existía hace cinco años, incluso que me conteste un tipo que no conocía hace diez segundos.


En esta cultura híbrida, -seguramente más que nunca a diferencia de cualquier época pasada, se siente más la posibilidad de que cualquiera pueda hacer magia, de que cualquiera pueda modificar las cosas mediante su discurso, mediante sus procesos de comunicación, paradójicamente y por esencia propia de la magia, también pasa todo lo contrario, como la mujer que después de ser introducida en una caja ante nuestros ojos es partida a la mitad y clavada con espadas para salir ilesa así uno entra en esta época donde se puede cambiar en apariencia pero sólo es un espectáculo donde todo permanece y aún así sigue la posibilidad de transformar la realidad.


Dice Néstor García Canclini “…la música tecno y los recitales de rock envolventes, con altísimo volumen, así como el walkman que nos aísla del entorno local-cotidiano, ofrecen al mismo tiempo, en muchos lugares, esta experiencia de habitar intensamente “lo real” en su sentido más concreto y próximo”. [10]


También me dijo un amigo hace años “La televisión por cable hace más informada a la gente culta y más (…)tontos a los ociosos” Si este ejemplo de la televisión, lo aplicamos a cualquier medio de comunicación actual, funciona bajo el mismo principio, sin embargo en esa paradoja está la oportunidad, en esa disyuntiva se pueden cambiar las cosas, podemos, por arte de magia, dibujar mejores presentes, nunca el pasado ni el futuro, el tiempo y espacio daría las líneas, somos un punto en el universo que se moverá en el espacio-tiempo para hacer dibujos con nuestra existencia, en esta hibridación, somos hombres y dioses.


Si el objeto simula la presencia del objeto, quien decodifica y comunica es el autor del simulacro, es el significador; quien al momento de generar un objeto o experiencia estética es el artista o mago genera una simulación, no importa cuántas veces lo reproduzca, si se convierte en un objeto para las masas o un acto efímero después de un primer ensayo, aplica lo que menciona Gilles Deleuze.- “la copia sólo se parece verdaderamente a algo en la medida en que se parece a la Idea de la cosa...”[11]


En el texto En la frontera: Verdades y ficciones de Pedro Meyer[12] menciona que “La idea es captada en su instantaneidad”, como prueba de que “la única manera de comunicar una idea directamente es mediante un icono; y todas las maneras indirectas de hacerlo deben depender, para ser establecidas, del uso de un icono. Consecuentemente, toda aserción debe contener un icono o un conjunto de iconos, o de lo contrario debe contener signos cuyo significado sólo pueda explicarse mediante iconos”


Estos actos de representación mediante iconos ocasionan hechos estéticos, cuya apreciación y apropiación no es posible sin un consenso de uso común en el ámbito de la interpretación.


El arte debe sobrevivir a la terceridad[13] para ser reconocido y legitimado, como Superman al cruzar el cielo de Metrópolis mientras la gente grita “¡Es un pájaro…, es un avión…, no, es… Superman!”


Si Superman fuera en realidad un hombre y volara, tuviera súper poderes y combatiera villanos, podría ser un aparato utilitario con forma humana que al ser identificable, representaría un icono común para la ciudadanía que lo viera, su valor estético como hombre que lleva más allá sus capacidades y además ayudara a los demás, sería una realidad, pero no habría lugar a la interpretación, sería pues, un hecho concreto.


En cambio el Superman de los cómics es un concepto, una representación de un hombre con poderes y cualidades más allá de lo ordinario, en el contexto de un lenguaje gráfico y atemporal de lectura heterogénea en un medio específico como el cómic.


Finalmente el Superman del cine es el más identificable de las tres posibilidades, un actor que representa el mismo concepto de los cómics, pero que por ser trasladado a un medio más verosímil a nuestra cotidianeidad y nuestro espacio-tiempo, lo podemos asimilar más fácilmente.


Lo curioso es que el Superman que conocemos en la realidad y que llamamos “el original”, es el Superman de los cómics, el que es una representación de un ideal, o sea el que no existe en carne y hueso, el que puede ser personificado por cualquier actor, dibujado por cualquier dibujante y abstraído por la imaginación de cualquier persona, es entonces, quien lo represente mejor para la sociedad, el simple dibujante, escritor, escultor, actor o cineasta, el mago posmoderno cuya obra tiene por característica esencial y cualidad específica no modificar el contexto de manera material, que ni una novela, película, pintura, música, videojuego o cómic, ni lo que se cuente en esos medios, modifique las cosas tangibles hacia el ámbito utilitario, el cambio está en la percepción de las cosas desde el punto de vista del receptor.


El truco es que no hay truco, por supuesto, en una obra de arte como en un acto de magia, no hay modificación de la realidad, la buscamos percibir distinto a la cotidianeidad pero todo cambia en la ilusión que nos permitimos para seguir igual pero acumulando experiencias diferentes que nos hagan modificar la forma de hacer las cosas. El truco es que no hay truco, arte y magia no son lo mismo, todo el texto he tratado de engañarme para encontrar algo más partiendo de un pretexto comparativo y tal vez haya conseguido un monstruo poliforme como la misma posmodernidad, lleno de significados pero sin un sentido claro homogéneo.


Al mago no le debe importar hacer las cosas malas que parezcan buenas, si desaparece un escuadrón del ejército, lo volverá a aparecer antes de ser capturado como prisionero de guerra por el ejército, una vez regresado todo a la normalidad, el acto estará consumado.


En cambio el artista (ahora si me refiero a cualquier disciplina) aparecerá representaciones de otro ejército, desparecerá el que está, generará representaciones inútiles de cosas cuestionables para el funcionamiento del sistema, podría ser arrestado, podría volver todo a la normalidad, podría cambiar las cosas, pero al final, el cambio no será en ese tiempo ni espacio, pero será; pues los actos y las obras encontrarán un significante que altere las probabilidades y las materialice.



[1] el libro completo de las leyes de Murphy, Editorial Diana 2008

[2] http://es.wikipedia.org/wiki/Dibujo

[3] http://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%ADnea

[4] http://www.grafologiauniversitaria.com/libro_vels.htm

[5] Dibujo y personalidad, de Augusto Vels http://www.grafologiauniversitaria.com/libro_vels.htm

[6] Punto y línea sobre el plano, Kandinsky Wassily. Ediciones Coyoacán 2007

[7] The Prestige (2006) Nolan, Christopher http://www.imdb.com/title/tt0482571/

[8] Es curioso que ni en las películas de El Ilusionista -The Illusionist (2006) http://www.imdb.com/title/tt0443543/ ni El gran truco lleven en el título la palabra mago, debe ser por el cuidado a no mezclar el significado con su relación hacia la hechicería, la brujería el vudú o el chamanismo.

[9] Pretendo abordar este aspecto en algún ensayo posterior, pero me parece inevitable mencionar esto aquí.

[10] La globalización ¿productora de culturas híbridas? De García Canclini Néstor.

[11] http://www.henciclopedia.org.uy/autores/Bortagaray/Meyer8.htm

[12] http://www.henciclopedia.org.uy/autores/Bortagaray/Meyer1.htm

[13] Braudrillard Jean, Cultura y simulacro.

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