lunes, agosto 22, 2011

Si mi voz no se quebrara…


Este 20 de agosto le hicieron un homenaje a mi papá por su décimo aniversario luctuoso que se cumple exactamente el 22 de agosto de 2011. En el homenaje tocó la Orquesta Maestro José Luis Ortiz Díaz Infante que lleva el nombre en honor a mi padre, un gran músico.

Mi abuelo Cleto, una persona muy interesada en la cultura, fue su primer maestro, después fue fundador de la Estudiantina Universitaria Potosina y de la Estudiantina San Luis Rey, gracias a su dirección, ambas agrupaciones musicales vivieron la mejor época de toda su existencia ganando muchos premios y prestigio.

Enseguida fue Director de la Orquesta de Cámara de la UASLP y Maestro de Educación artística de la Escuela secundaria técnica 14, donde todos los años que estuvo, sus alumnos ganaron los concursos de coro del Himno nacional, todo eso entre otras cosas más.

Casi al final del concierto de homenaje, le pidieron a mi mamá que subiera al escenario del Teatro de la Paz a decir unas palabras, enseguida buscaron a todos mis hermanos, que habíamos llegado cada quien por su lado y terminamos desbalagados, cuando subimos, mi mamá no se animó a hablar ante la carga de emociones que sentía, mi hermana Graciela, que está más acostumbrada a los escenarios tomó el micrófono para agradecer a la orquesta y al público.

Enseguida me tocó hablar a mi, que no dije muchas cosas diferentes que ella dado que el mayor sentimiento era de gratitud, pero en mi mente tenía otra idea rondándome que no me atreví a soltar, primero porque se me cortaba la voz y segundo, porque temía terminar diciendo alguna incoherencia por el agolpamiento de frases que llegaban a mi mente más rápido de lo que podía hablar.

Quería explicar a los integrantes de la orquesta, a los padres de familia de los jóvenes que la integran y al público en general, donde también había muchos familiares y amigos, lo importante que era este homenaje y que el nombre de mi papá reuniera a los músicos en relación a una orquesta. De haberlo conseguido, hubiera dicho algo como lo siguiente:

Mi mamá es la persona más inteligente que he conocido en la vida, ni maestros, amigos, o familiares son tan brillantes como ella, salir con ella a recorrer las calles o sentarse a platicar es recibir una lección de historia, recuerda cada casa y negocio que había, que dejó de haber y qué substituyó a esas construcciones, su inteligencia es tan especial que no la puedo definir en pocas palabras, pero aglutina alegría, tranquilidad, nobleza, comprensión, creatividad, entusiasmo, bondad, orgullo, tenacidad y algunas características necesarias que podrían sonar negativas, pero son las que hacen más contundente su inteligencia, como necedad y coraje para proteger lo que quiere y hace.

Como toda madre, nos cuidaba cuando mis hermanos y yo enfermábamos, procuraba llevarnos a las fiestas perfectamente arreglados y permitía que termináramos completamente desarreglados, siempre hizo las fiestas más bonitas que puede recordar cualquier niño, juntaba a todos los alumnos de nuestros salones de kinder o primaria, a nuestros vecinos, primos, tíos y amigos de la familia y los invitaba a nuestra casa en el barrio de Tlaxcala donde disfrutábamos de títeres, funciones de cine, dulces, pasteles, piñatas y comida.

Nunca escatimaron en apoyarnos en actividades artísticas porque en mi familia nunca fue realidad el mito de que no poder vivir del arte, y en los momentos más difíciles de la salud de mi papá, no hubo poder de ningún tipo que le impidiera apoyarlo, a veces con jornadas muy pesadas donde tenía que hacerle diálisis, otras acompañándolo a las consultas y cuidándolo en el hospital.

Mi intención no es decir que mi familia sea perfecta, pero ustedes entenderán que no es el momento para contar otro aspecto que no sea el que me llena de orgullo.

Mi papá, por su parte, siempre trabajaba, ensayaba con su mandolina y violín o revisaba las calificaciones de sus grupos de secundaria, le faltó muy poco tiempo para jubilarse y a pesar de sus achaques, todo el tiempo lo vi como cualquier hijo ve a su padre.- grande, fuerte, noble y admirable (todavía lo veo así). Todos los días iba a dar clases a la Técnica 14, regresaba deseoso de estar con nosotros para la comida y después se iba a ensayar con la orquesta o a alguna actuación mientras todos mis hermanos corríamos a colgarnos de sus brazos y piernas para que no se fuera.

En ocasiones, llevaba a la orquesta por su propia cuenta a nuestras escuelas para que los alumnos tuvieran la experiencia de conocer un concierto de música clásica. No cobraba un centavo por eso. A mis hermanos José Luis y David los llegó a poner como Directores, seguramente para hacerles sentir la experiencia que él vivía en su trabajo y de paso para que los demás niños vieran a sus hijos haciendo tocar a sus músicos al movimiento de la batuta. Le encantaba sacar a pasear a mis hermanas y todos sus amigos conocían el orgullo que sentía por ellas.

Después, todo lo tuvo que alternar con las visitas al doctor, las estancias en el hospital y sus curaciones, pero nunca dejó ni la música ni las clases para mantener a su familia, legado que todos quienes lo conocimos, admiramos.

Dije que mi mamá es la persona más inteligente que existe porque hace todas las cosas ordinarias con suma naturalidad, es la que mejor sabe hacer cuentas, la que mejor rinde el dinero, la que más disfruta la vida y la que mejor ejemplo nos ha dado para mantener a nuestras familias, siempre sonríe y anda arreglada, pero además, esa cualidad la tengo presente en esta ocasión por un motivo particular…

La he escuchado decir que en las escuelas no conocemos a quienes dan nombres a esas instituciones, esos héroes patrios que aparecen en las fachadas de los planteles educativos y calles de la ciudad, generalmente son sujetos desconocidos que pasan desapercibidos tanto para los alumnos como maestros y padres, la protesta de mi mamá va generalmente acompañada con una sugerencia lanzada al aire para que sea de las primeras cosas que los niños y jóvenes sepan: El por qué las escuelas llevan el nombre de un personaje específico, quién fue y qué hizo para darle tal honor.

Es por esto que comenté un poco del contexto de mi familia cuando vivía mi papá, para que todos los asistentes (y ahora lectores) vieran quien fue y qué dejó. Mi padre fue un gran músico, que surgió de una gran familia para criar la propia con todo el orgullo y cariño del mundo, dejó grandes amigos, alumnos y enseñanzas para todos, formó personas, respetaba a la gente honorable, era un caballero.

Lo recordamos para que siga con nosotros como una carga que implica ser mejores personas, el peso no es una loza, sino un motor para avanzar en la vida, los homenajes reiteran nuestras motivaciones más profundas para seguir haciendo las cosas y la existencia de una orquesta que lleve su nombre debe ser para los integrantes un motivo de orgullo, porque honran a un hombre que le dio música a San Luis por muchos años y, con las actuaciones de esta orquesta y el recuerdo de quienes lo conocimos, lo seguirá haciendo por mucho tiempo más.


Daniel Ortiz Celestino

21 de agosto de 2011

San Luis Potosí, S.L.P. México.

viernes, diciembre 17, 2010

Secundaria, con S de Súper (Parte 3)

Secundaria, con S de Súper

Por Daniel Ortiz Celestino

San Luis Potosí

14 de septiembre de 2010

Tercera parte


Me enorgullece cuando me encuentro a alguien en la calle y lo primero que me preguntan es si sigo dibujando, yo creo que es la referencia cuando me recuerdan entre ex compañeros de cualquier escuela: -¿Has vuelto a ver a Daniel? -¿Cuál? –El que dibujaba. -¡Ah si, todavía se la pasa perdiendo el tiempo en eso! El otro día un maestro que tuve de escultura me dijo: “Ah qué Daniel, sigue con sus monitos ¡nunca se compuso!”


Eso y más aprendí a sobrellevar en mi vida, pero no es nada extraordinario, es el pan de cada día tanto para cualquier persona que se dedique a una actividad artesanal. Puedo asegurar que haber estado en la ETI-1 me forjó el carácter y me capacitó para asimilar prácticamente todo lo que posteriormente he vivido de una manera que no hubiera pasado si hubiera estado en otra secundaria, y lo sé, porque además, lo estuve, pero todavía no me voy a adelantar.


Si con mis amigos de primaria aprendí a reírme de la vida, con los de secundaria aprendí a respetar las desgracias de los demás, cada vez que conozco a alguien que pretende verse muy malo, me da pena, hay quienes creen que la vida ha sido muy mala o injusta, se creen muy importantes y por eso tratan de ser rudos, creen que tienen suficientes golpes en la vida y alguien terrenal se los tiene que pagar, pero estoy seguro que no se comparan ni tantito con los golpes de la Eti cuando nos dábamos la media hora, menos han hecho la resistencia a los golpes que uno sufre en la adolescencia cuando empieza a hacer conciencia del verbo vivir.


Un día estaba en el salón, me sentaba como en el tercer lugar en la primera fila pegado a la puerta, (Max debe recordar mejor la ubicación, se lo voy a preguntar) y no pude contener el llanto. Más allá de burlarse de mi, poco a poco mis compañeros se fueron acercando a ver qué tenía, porque hasta ese día, no me habían visto de esa manera. Nunca quise decir por qué me había puesto así, es más, estoy seguro que yo mismo no sabía bien qué me pasaba, pero mi abuelita materna estaba muy enferma y me había tocado verla convaleciente.


La muerte de mi abue fue la primera pérdida que tuve de un ser querido, un año antes había fallecido mi abuelita paterna, pero mi impresión sobre ese suceso fue opacada porque también fue la primera vez que vi llorar a mi papá.


En cambio la muerte de mi abuelita Sarita me cambió todo el esquema familiar, para ponerlo simple, al llegar de la escuela a la casa, siempre me faltaría una persona a quien saludar, mi abue nos regalaba a mis hermanos y primos dulces y besos por igual, nos compraba juguetes y yo le cobraba diez centavos por arrancarle pelitos de la barba. Cuando falleció, no entendí que había perdido por primera vez una parte de mi, pero si lo sentía.


No voy a justificar mi descuido de la escuela con lo de mi abue, fueron muchas cosas más, ahora mismo recuerdo fácil dos experiencias que contribuyeron, pero otro día contaré eso. Tal fue mi irresponsabilidad que un día llegó la prefecta Pera con la guadaña afilada para decirnos que iba a haber lo que como trabajador se conoce como “recorte laboral” o sea, las bajas escolares, después de la baja, fui a parar a la escuela donde mi papá era maestro, la EST 14. Ahí todo se polarizó.


Para no reprobar el año, necesitaba sacar nueves y dieces en todas las materias por los últimos meses, el colmo fue que lo conseguí, nadie creía que pudiera tener tan buenas calificaciones y menos los maestros que varias veces le reclamaron a mi papá por ayudarme, a lo que él contestó con toda elocuencia en la dirección algo que no estaban tomando en cuenta: “¡Pero si los mismos maestros hicieron los exámenes y lo calificaron!” les dijo y todos se quedaron con cara de “Ah, pos si, ´edá”.


Ahí el grupo que me tocó fue muy difícil, me criticaban por ser hijo de un profesor, se burlaban porque me habían corrido o me retaban cada vez que iban a jugar futbol contra la selección de la Eti, yo nada más decía “ellos les van a ganar, no se emocionen” y al otro día, llegaban más enojados porque la 1 les había metido cinco o seis goles.


Entre las cosas que recuerdo con más cariño eran las salidas a desayunar con mi papá a la hora del receso, me sacaba de la escuela para ir a comer unas tortas enfrente, ahí platicábamos un poco y lo conocí de otra forma, más cercana que en la casa, a veces compartíamos apodos que nos sabíamos de los maestros y otras más, me quejaba de estar en la 14, sin embargo no me gustaba contarle por qué me sentía tan mal ahí pues él creía que de alguna manera me sentía más que mis compañeros, nunca le dije que me tocaron montones de burlas, para mi eso era diferente a lo que había vivido en la Eti, donde no había ese aspecto de resentimiento personal, sino que todo era parte del juego.


Por cierto, cada vez que veo el cuadro de Rockwell titulado The Runaway de 1922, me acuerdo de esos días junto a mi papá comiendo tortas.


En tercer año, hubo un concurso de dibujo y lo gané, pero como había puesto una cruz clavada en la tierra, tanto mi papá como mi mamá me advirtieron que en una de esas, eso podría tomarse como un mensaje religioso, yo dije que no era mi intención, ni había pensado en eso, que era una crítica a la salvación por medio de la religión, pero ellos tenían razón, la subdirectora me dijo exactamente que yo había ganado el concurso, pero no podían darme el premio porque tenía una imagen religiosa, así que me enojé, pero de poco sirvió, porque de pilón la sub se quedó con mi dibujo y quien sabe quien con mi premio, desgraciados.


Y por si faltaba otro clavo a mi calvario, una maestra, la Gatúbela, me cachó dibujando en clase, poco después de regresar del receso, me quitó mi dibujo y lo rompió, cuando hizo eso y a pesar de que lo vi “en cámara lenta”, no pude hacer otra cosa que pararme frente a ella y exhalar un sonoro “¡Hija de su pinche madre!”, que me valió la ida a la dirección y el intento de expulsión, si no hubiera sido por la defensa a ultranza de mi papá, que justificó completamente mi extraordinaria y cuasi-sublime mentada de madre.


Así pasé toda mi secundaria, no es que no tenga buenos recuerdos de mis ex compañeros de la 14 pero no me da la gana contarlos esta vez, otro día será. Al final de 3º como cereza del pastel, tampoco alcancé ficha para entrar a la prepa, yo quería entrar a la Silva Hersog; en esa época se dificultaba alcanzar lugar en las preparatorias, porque tenían poco tiempo de haber cerrado las de la UASLP por las grillas y los desmanes de los “porros”, así que el Estado decidió crear las Escuelas Preparatorias por Cooperación, pero nada más había tres, la Silva, la Pedro Vallejo y la Jesús R. Alderete, por otro lado, estaban las escuelas privadas a las que no tenía acceso por los pagos, los COBACH, CETIS, CECYTES y demás escuelas técnicas de las que ya estaba harto, tuve que resignarme a rebotar en las circunstancias, creo que todo salió mejor, pero esa es historia para otra ocasión.


Los amigos que conservo de esa época, al inicio no fueron tan entrañables, pero si son los mejores hasta la fecha y con los que más frecuentemente me junto. Me reencontré con ellos de forma extraña, después de haber estado en la prepa y universidad, sólo los visité cuatro o cinco veces durante ese tiempo, en cada cumple de Max, que con Israel y Oswaldo siguieron reuniéndose, y así es hasta la fecha.


Juntarme con ellos ha sido lo mismo que aprender a respetar y admirar sus cualidades y defectos, todos son muy necios, pero se aferran a defender sus ideas, a sus familias, a mejorar sus habilidades y a enorgullecerse de tener a los otros dos como amigos, por eso no he dejado de sorprenderme que aunque yo no los viera, ellos seguían ahí aguardando su amistad hacia mi y, sin temor a equivocarme, admirándome por ser quien soy –sea quien sea, que ni yo lo sé.


Cuando nos volvimos a ver, la confianza y el afecto estaban intactos, eso es una enorme muestra de lealtad, fraternidad, respeto por un pasado común, seguridad por lo que representa mantener esa relación en el presente y tener confianza por el crecimiento mutuo gracias a ese vínculo.


Es sentirse parte de otro tipo de familia, la que uno escoge y en la que cada quien juega un papel en base a una parte de su esencia que no se muestra con la familia consanguínea.


Casi olvidaba contar algo importante para el contexto a manera de paréntesis. En la escuela, el fútbol era el deporte que más jugábamos, pero el que menos veíamos en la tele, en San Luis ni siquiera había equipo de primera división, en cambio, se sentía toda la emoción al ver los partidos de la NBA, no se digan los Playoffs, no se diga ver jugar a Scottie Pippen, Charles Barkley, Magic Johnson, Clyve Drexler y por supuesto a Michael Jordan.


Los tres años de la secu fueron los mismos de los primeros tres títulos de los Chicago Bulls,. Todavía se me eriza la piel de emoción al recordar esas finales contra los Lakers, los Blazers y los Suns respectivamente, había un gran respeto entre todos ellos hasta cuando perdían (así cómo no me voy a inspirar), por si fuera poco, vimos jugar al único Dream Team de la historia de la humanidad en los olímpicos de Barcelona 92.


¿Cuántas personas habrán jugado básquet en su vida sólo por la motivación de ver jugar a Jordan? ¿Cuántas canchas de básquetbol se habrán construido en el mundo sólo por la emoción que causaba ver jugar a todas esas estrellas? Así como me desvié del tema, me pasa cada vez que algo me hace recordar eso partidos, mi mente vuela igual que Jordan al encestar…


Después de esta canasta, van otra vez los pies a la duela.


Una y otra vez que nos encontrábamos entre los ex compañeros de la secundaria, había dos síntomas recurrentes, primero, saludarnos afectuosamente con un abrazo y una plática Express para ponernos al corriente de nuestras vidas, el segundo era una promesa de reunirnos “un día de estos” que sólo quedaba en la buena intención, tengo que agregar que también era una intención sincera. Pero nunca se daba, hasta que el Facebook hizo su parte…


Siempre que me encuentro a alguno de mis viejos compañeros de escuela o trabajo, guardo sus teléfonos con la intención de buscarlos pronto, cuando cumplí 30 años, invité a varios de la ETI, fuimos apenas como nueve, sin embargo localicé a unos 20 y la fiesta sirvió para ir probando la disposición de todos, luego poco a poco cada uno fue entrando al Facebook y nos fuimos agregando igual con los demás grupos de la misma generación, hasta que Fátima Loredo me mandó un mensaje para preguntarme si podía localizar a los de mi salón porque estaba organizando una reunión, ahí fue donde todos vimos la oportunidad de cumplir la promesa de siempre y volvernos a ver.


La fiesta de reencuentro fue el 4 de septiembre de este año, ahí no importó de qué grupo hubiera sido cada quien, ni siquiera si nos reconocíamos, poco a poco fuimos llegando, unos eran inmediatamente reconocidos, en otros casos nadie sabía quienes eran hasta que alguien decía “pos si yo me juntaba contigo, güey”, varios llegaron diciendo “pues yo estuve en la ETI, no me acuerdo de nadie pero vengo a pasármela a toda madre” y efectivamente, ese fue el espíritu de la fiesta, dice David “el Cacho” que fuimos más de 50, o sea, el equivalente apenas a un solo grupo, pero la buena vibra y disposición de todos, hizo que saliera de lujo.


He pensado que algunos tal vez no vayan porque recuerdan el ambiente pesado; no los culpo, pero no ha sido la intención de nadie revivir o mantener rencores, de hecho, nunca fue la intención generarlos, eso comprueba que desde la secundaria todo era un juego que en ese momento nos lo tomábamos muy en serio, pero hoy la mayoría lo vemos con el gusto que da la nostalgia, aún ante las tristezas vividas.


Este sábado es la reunión de fin de año de la secu, otra vez fue una promesa hecha en la fiesta de septiembre, me da gusto que siga esa disposición y más porque hay que hacer que valga la pena organizar estas fiestas a esta edad. ¿Para qué sirven estas reuniones? Pues para nada, no tienen utilidad, como las mejores cosas de la vida. En algún momento compartimos más que un edificio; las mismas vivencias, modas, música, o maestros y sistema educativo, ahora cada quien tiene su vida. Eso es lo que celebramos.


Si yo escribo esto, es para contar sobre mi perspectiva de lo que fue la secundaria, alguien tendrá una opinión muy distinta, pero en algo nos identificaremos y por eso creo importante contar, para anclar recuerdos y comparar visiones, hacer que no se pierdan estas historias porque en algún lugar en el futuro las vamos a necesitar.


Por cierto, Mónica Centeno me dijo ese día.- “estuve leyendo tu blog y me gustó mucho… cuando hagas el texto de la secu, no olvides mencionarme”. Y no lo he olvidado, ella estuvo en el E, la recuerdo porque estaba flaca, con su pelo lacio y concretamente la imagen que tengo de ella es con el uniforme deportivo guinda de la escuela, peinada con su fleco noventero y sus ojos claros, una chavita muy amable a la que nunca traté porque no faltaba quien la flanqueara, así que no tengo recuerdos en común, pero a cambio he de decir que el día de la reunión de generación fue una verdadera dama, -y lo digo en serio- llegó, saludó y platicó un poquito con todos, siempre estuvo sonriente y mostraba su alegría genuina de ser parte de ese momento. Siempre agradezco llegar a un lugar y que haya gente agradable, tal vez porque eso activa mi propia sonrisa, así que Mónica, gracias por hacerme sonreír ese día y hoy que lo recuerdo.


Lo dije al inicio del texto, la época de la secundaria fue horrible, llena de estrés y sabores amargos, pero también es cierto que la recuerdo con mucho cariño, hay cosas que aún ahora no son lecciones superadas, pero desde ahí aprendí a fortalecerme después de golpes morales, a seguir intentando aunque no salgan las cosas a la primera, a levantarme dando una buena cara aunque por dentro estuviera lleno de tristeza o frustración, porque en el fondo, empezaba a comprender que sólo era un momento lo que tendría que aguantar y seguiría mi vida, además tenía claro que quería ser honrado para mostrar esa sonrisa con sinceridad.


En algo si mentí al comenzar a escribir (en beneficio del texto); pasé por muchas cosas de las que antes de la secu no había tomado conciencia, todo eso ya me lo habían inculcado mis papás y anteriores profesores, ya lo notaba con mis compañeros de primaria, pero fue en secundaria donde aprendí a aplicar esos valores que hasta la fecha, son parte de mi esencia personal.


A la secundaria le debo haberme dejado claro que para ser fuerte, no hay que ser duro, sino flexible y resistente, y que toda experiencia, por buena o mala que sea, pasará, y lo que queda de eso es sabiduría, que también empieza con S de súper.







miércoles, diciembre 15, 2010

Secundaria, con S de Súper (Parte 2)

Secundaria, con S de Súper

Por Daniel Ortiz Celestino

San Luis Potosí

14 de septiembre de 2010

Segunda parte


Si algo recuerdo con mucho entusiasmo son los partidos de fútbol. En la primaria donde estuve, el fútbol era un deporte raro, como las peleas de kung fu entre tortugas que son comunes en Tailandia y Japón, mientras que en México habemos muy pocos aficionados, allí sólo jugábamos básquetbol, béisbol con una pelota y la mano empuñada, y, en contadas ocasiones, fut con un bote de Frutsi lleno de papeles, pero tal vez ni lo conocíamos como fútbol, quizá decíamos “vamos a jugar a patear el bote de Frutsi lleno de papeles y todos corramos detrás de él".


En cambio, en la Eti el futbol era una religión, jugábamos el 80% del grupo, los partidos del salón eran buenísimos y muy aguerridos. Me acuerdo que desde el primer día, jugamos y el primer gol lo anotó un chavito que le decíamos “el Chabelo”, luego se cambió al “D” y luego ya no supe qué le pasó.


Después, ya en 2º año, jugábamos en la mañana, llegando a las 7:00am, porque teníamos dos horas de Educación física y el profe Gallardo nos aventaba los balones como huesos a jaurías de perros hambreados, a los de fut, a los de vólei y a los de básquet, después volvíamos a jugar en receso, luego al salir de clases a la 1:10pm y todavía cuando nos corrían porque entraban los de la tarde y nos íbamos a las canchas del ISSSTE que estaban a dos o tres cuadras a seguirle, al final, nos tomábamos un refresco en bolsa y nos íbamos a nuestras respectivas paradas de camión, la mayoría a los Perimetrales.


Por si fuera poco, un tiempo Miguel Juárez, el Aguayo, el Chava, el Zárate, el Chespi y yo tomamos la costumbre de ir a jugar los martes en las tardes a las canchas de la Unidad Adolfo López Portillo contra unos vagos de prepa.


La selección de la secu estaba conformada por el 80% del salón, cuatro o cinco de 2º y 3º, dos o tres del turno vespertino y Erik, del “A”, que le amarraba un hilo elástico muy delgado al balón y cuando lo traía, nunca se le separaba de los pies.


En las clases había materias donde no me iba mal, pero yo sentía demasiada presión, por esa época fue cuando empecé a tomar conciencia que mi vida familiar no era tan agradable como pensaba. Siempre he sentido que mi familia es muy bonita y tiene muchas virtudes, pero la dinámica interna es muy rara, apenas mis hermanos y papás entendemos de qué se trata, aún no quiero contar ciertos capítulos de mi vida pero basta decir (para no ocasionar prejuicios negativos sobre casos específicos) que no estaba en una buena época, mis papás y mis hermanos estábamos bien, sólo que todos íbamos creciendo y empezábamos a ocupar más espacio en la casa.


Así que entre esas desavenencias familiares y la presión de la escuela, no podía sobrellevar todo. Hasta la fecha no soy un tipo que pueda con muchas cosas a la vez, siempre que me dicen “es que fulano tiene tres trabajos, tres familias, tres hijos, un perro y dos peces gupis, pero todo lo atiende bien” yo digo “que lo aprovechen ellos, porque yo definitivamente no puedo”, apenas sé enfocarme en una cosa para que me salga bien.


Así que entre tanta presión y tanta falta de capacidad mental y emocional para poder con eso, llegué a faltar mucho a clases, montones de veces, incluso me sorprende que mis compañeros se acuerden de mi, el Profe Shubert me dijo “eres como Gasparín, te apareces cuando quieres”, lo más raro es que tenga grabados tantos recuerdos, supongo que nunca me di cuenta que esa fue mi primera depresión y la época la viví con tanta sensibilidad que me causó tanto impacto para recordarla así.


Mientras los eventos fuertes de los hombres eran los deportivos y las peleas en el taller con el consentimiento del Ingeniero Emilio y el Shubert, en el caso de las mujeres eran las tablas gimnásticas, cosa que también nos agradaba ver a los demás, porque iban con falditas, corrían, saltaban, se encimaban unas sobre otras… corrían, saltaban… Er… bueno, ya se imaginarán cómo era ver eso a los ojos de los compañeros del salón.


Las niñas que ni finjan inocencia, sobre todo las del “E”, bien que sabían lo que conseguían con las tablas gimnásticas, yo creo que en ocasiones bastaba voltear a ver el charco de baba que quedaba, menos cuando en primer año ganaron el concurso de tablas unos tipos de 3º que no hicieron ninguna rutina acrobática, sino una especie de baile raperón, no sé quienes calificarían eso, pero… ¡¿Eso quéee?!


La música de esa época tal vez era lo más horrible, no porque hubiera mala música al inicio de los 90s… Bueno, si. En verdad era por eso, esa era la música que se escuchaba.- Magneto, Bronco, Luis Miguel, la agonía de Timbiriche, etc. En mi caso, qué iba a andar valorando a los Tigres del norte o a Juan Luis Guerra, Los New Kids On The Block me parecían jotísimos y si acaso, toleraba a Franco de Vita, Ricardo Montaner y Miguel Bosé, pero irremediablemente mi soundtrack de la secundaria es con todos los que acabo de mencionar.


No era amargado, pero la música que me gustaba se escuchaba poco en la escuela, a unos amigos y a mi nos dio la euforia del rap cuando Mc Hammer apareció y estaba de moda Ice Ice Baby de Vanilla Ice, en México tuvimos a Caló -no saquen las antorchas si no vivieron en esa época- para nosotros era rap porque rimaba y era el único grupo del género que salía en la tele nacional, si unos huapangueros hubieran salido de pachucos, hubieran sido los Beatles noventeros.


Había música que me parecía muy buena, pero no tenía mayor acce$o que cacharla en la radio, como Los Fabulosos Cadillacs, Soda Stereo, U2, Roxette o Nirvana. Desde el 90 al 93 los únicos discos/cassettes originales que compré en todo el tiempo que estuve en la secundaria fueron el Bad y Dangerous de Michael Jackson y el soudtrack de la película de Batman de Tim Burton donde venía el Batdance de Prince y tenía unas fotos desprendibles del Joker y Batman.


Poco después, aunque ya más de salida de la secu y entrando a la prepa, empezaron a ser más conocidas bandas como Fobia, Caifanes, Maldita Vecindad, La Lupita, La Cuca y Café Tacuba, además íbamos conociendo la existencia de Los Tres, Aterciopelados y Babasónicos, que apenas se escuchaban y menos se conocían por acá.


Confesaré que me gustaba escuchar el rap de Mi Abuela, de Wilfred y la Ganga y Tu Pum Pum de El General, si señor, ya lo dije, tiren la primera piedra, hombres justos. En cambio, iba conociendo a Public Enemy, NWA y LL Cool J, pero eso fue afuera de la escuela, con mis amigos vagos.


Hay mucha más música, pero lo que falta lo reservo para otro texto porque tengo mucho más que contar sobre esto. De cualquier manera, toda esta música es parte de esa época y ahora que la escucho, no me viene a la mente andar analizando la calidad musical, sino la evocación de todo el entorno de mi adolescencia.


Mis primeros trabajos como dibujante me los había pagado mi hermana años atrás, precisamente para hacer sus tareas de la secundaria, así que cuando los maestros empezaron a encargar dibujos para los trabajos, sabía que ahí podía hacer negocio y empecé a ofrecer hacer los trabajos de mis amigos, se trataba comúnmente de dibujar mapas para Geografía, células y animales para Biología, poleas y pesas para Física o héroes mundiales para Historia o Lengua y Literatura. Me pagaban a $10 000.00MN cada dibujo, de esos que con el cambio a “nuevos pesos” pasaron a ser $10.00MN, yo les hacía los trabajos a veces a casi la mitad del grupo, aproximadamente unos 25 compañeros, más los míos.


En cada trabajo, trataba de hacer algo diferente, según yo para que los maestros no se dieran cuenta, me gusta decir que por lo general, todos esos trabajos eran calificados desde ochos a dieces, supongo que el margen de la evaluación era según le cayera el alumno al maestro, pero mis compañeros se daban por bien servidos porque no tenían un mínimo de interés en el dibujo y que yo se los hiciera, representaba cuando menos no esforzarse y aún así mejorar sus calificaciones.


Cada fin de mes me llegaba bastante dinero de lo que ellos me pagaban, como para unas 20 fichas en las maquinitas del Centro Gimevi y jugar Street Fighter II, comprar dos hot dogs, tres refrescos y los camiones de ida y vuelta en un solo fin de semana, con esos dibujazos que hacía, todos terminábamos ganando algo.

Secundaria, con S de Súper (Parte 1)


Secundaria, con S de Súper

Por Daniel Ortiz Celestino

San Luis Potosí

14 de septiembre de 2010

Primera parte






Aaaah, recuerdo con mucho cariño la época de la secundaria. Era un edificio gigante, de cuatro pisos contando la planta baja, con las colosales siglas de la escuela hasta arriba, con un patio enorme, una biblioteca enorme, laboratorios enormes, salones enormes, talleres enormes, maestros enormes, hasta el director era un gigante. Y cómo olvidar a los compañeros del salón, a las compañeras de los otros salones, a los prefectos, las clases, los partidos de fútbol, de básquetbol, las tablas gimnásticas… todo va siendo cada vez más claro ahora que lo escribo…


Fue una época realmente horrible.


Tengo muchos amigos quienes aseguran que la mejor época de su vida escolar ha sido la secundaria, que ahí conocieron a su primera novia, tuvieron a sus primeros mejores amigos, empezaron a valorar a algunos maestros y comenzaron a definirse sus valores. Bueno, pues nada de eso lo viví yo.


Cuando yo entré a la secundaria, venía de una primaria donde mis calificaciones siempre fueron regulares, donde ya tenía a mis mejores amigos, donde las niñas más bonitas que conocía ni se habían metido a la misma secu y mucho menos iban a estar conmigo en el grupo de Máquinas y herramientas porque era de puros hombres. De donde yo venía, sentía que había dejado cierta historia entre mi generación.


En primaria fui un alumno tranquilo que en general se llevaba bien con todos, tenía bastante carisma, era conocido por dibujar y hasta había ganado un concurso, además también fui famoso por haber golpeado a cientos de niños burlones y curiosos en el recreo en un ataque de histeria que me dio un día que choqué con otro niño y me quedó un moretón enorme en la mejilla. Mi vida era muy simple y así estaba comodísimo.


Esa simpleza era lo mejor para mi, mi mente siempre ha tendido a complicar cada pensamiento que genera, cada recuerdo, cada experiencia y, en todo el proceso, la mezcla termina formando cada ocurrencia que por lo general, no consigo explicar claramente ni cómo hacer que la gente me entienda. Por lo tanto, a la tierna edad en que uno es un estudiante de primaria, aprendí que lo mejor era no complicarme las cosas y hasta la fecha, mi lado consciente busca ese camino mientras mi inconsciente jala para donde le da su gana, a veces, solapado por mi curiosidad.


Así que lo menos que quería que pasara en la secundaria era complicarme la existencia, no tanto como pasar desapercibido, pero si mantener cierto orden que según yo, pudiera manejar en mi vida de estudiante parvulito.


En la misma primaria, tuve que lidiar con los niños más abusivos del salón, así que no pensaba vivir lo mismo, desde el primer día en la secundaria pensaba con toda mi convicción, hacer valer mi condición de hombre en formación, de macho en desarrollo, es decir.- de un cabrón bien hecho.



Mi primer sorpresa es que no era el único que se había trazado semejante propósito, aproximadamente era la mitad del salón, así que qué esperanzas de poder conseguirlo en medio de tal variedad de barbajanes. Para cuando pasó la primer semana, la otra mitad del salón ya había entendido que se trataba de la ley de la selva y, o se resignaron a ser sojuzgados o se dispusieron a seguir el mismo propósito que los demás.



Estar en la ETI-1 en 1990, era como estar en Chicago en los 30s rodeado de gángsteres o como estar de militantes del PRI días antes de cada dedazo presidencial. Éramos 54 alumnos en el “B”, todos hombres (si había quienes no lo eran, todavía no se daban cuenta), todos púberes, todos con un montón de energía para hacer cualquier cosa en toda nuestra vida pero dispuestos a gastarla en destruir al prójimo, como dicta uno de los mandamientos no escritos de las secundarias.- “Madrearás a tu prójimo como no deseas que sea a ti mismo”, así que todos estábamos decididos a escalar al podio del éxito, que era el mismo que el podio del gandalla, que era lo mismo que el podio del respeto al interior de clases, que era proporcionalmente inverso al respeto que le educan a uno sus padres.


Cada vez que un compañero del salón se equivocaba o le salía mal algo, no debía faltar otro más que se diera cuenta y había que hacérselos notar al resto del grupo, por ejemplo, si uno tenía las agujetas desabrochadas, alguien se las pisaba mientras caminaba para que cayera, quien caía, no sólo caía al suelo, sino del ranking de respeto de los demás y además, no bajaba un solo sitio o dos; para el resto del grupo, la caída era hasta el final y para recuperar el sitio anterior había que volver a escalar poco a poco, eso significaba, fijarse en los más desprotegidos del salón, “acarrillarlos” uno tras otro hasta alcanzar un lugar decente.


La democracia en el salón no era nada más la Ley del más fuerte, el más alto o el más galán, también era la del más astuto, la del más burlón, la del más simpático, la del menos pen… distraído. Era más complejo de lo que puedo contar, pero eso estaba bien, era lo más parecido al sueño americano, en el salón cualquiera podría ser “el mejor”, significara lo que eso significara.


No quiero ser ambiguo con el discurso, tengo que aclarar que me gustaba mucho mi salón, era un excelente grupo, éramos 54 niños tratando de demostrar a los 53 restantes y al resto del mundo que éramos hombres, cada quien a su manera de entenderlo, Carlos Alejo sacando puros dieces, Daniel Arellano jugando fútbol, Jorge Zárate siendo el más subversivo, Max Novelo haciendo comentarios ingeniosos, el Guerra golpeando de manera más salvaje, aunque no quiero encasillar a mis ex compañeros con un solo adjetivo, todos siempre fueron mucho más que lo que querían aparentar en la escuela.


Pronto todos los lugares para ascender en la escala de respeto estaban ocupados, yo por supuesto era reconocido como el dibujante y desde ahí pude conseguir cierta protección que más adelante contaré, pero desde el primer día “el Negro” o “el Chiste” quiso agarrarme de su costal de box, como era más alto, lo primero que pensé fue que si ese día me dejaba, ya no iba a poder quitármelo de encima, así que lo agarré de la camisa y le di un fuerte cabezazo. En la misma semana, alguien más trató de tirarme al suelo y ya que tenía el brazo en mi cuello, lo único que hice fue morderlo con todas mis fuerzas, así que Carlos Torres Trejo exclamó “¡No mames, pinche monstruo!” y así se me asignó el apodo de “el Monstruo”.


En esos días, estaban pasando en Imevisión una caricatura que se llamaba My Pet Monster, o sea, Mi Monstruito, ahí había una niña que le decía “Monsi” al personaje y supongo que en el salón se les hizo demasiado gacho decirme monstruo y lo cambiaron igual por Monsi, apodo con el que hasta la fecha, mis compañeros de la Eti se refieren a mi, cosa que más o menos a la tercera semana de haberme bautizado en 1º de secundaria, me dejó de molestar. Ahora me los encuentro y noto los puntos suspensivos cuando me saludan “Hola M… Daniel ¿cómo has estado?”, pero cuando intercambiamos números de teléfono, los corrijo “Pónle Monsi, güey”, les digo.


Los apodos quizá es lo más recordado de cada generación, más que las clases, los maestros y las anécdotas. Un apodo rebasa cualquier recuerdo que se tenga de alguien, comúnmente uno no recuerda los nombres de algunos compañeros de escuela, a veces ni siquiera cómo eran o qué hicieron, un buen apodo en una persona que lo sepa portar, nunca se olvida.


En la escuela estaba “el Tortuga”, “el Satán”, “el Masaca”, “el Crispín”, "el Pinocho”, “el Pinga”, “el Chango”, “el Chespi” y los apellidos que funcionaban como apodo “el Calvillo” “el Alejo”, “el Uso”, “el Guerra”, “el Zapata”, etcétera.


El caso es que conmigo, “el Monsi”, ya no se animaban tan fácil a fastidiarme, porque sabían que se llevarían a casa una lujosa impresión de mis dientes, literalmente, la mordida les duraba todo un fin de semana.


domingo, mayo 02, 2010

Entre héroes y heroínas (Parte 2)

Entre héroes y heroínas
Segunda parte
Por: Daniel Ortiz Celestino
30 de abril de 2010

Conservo muy pocas libretas y libros de la época de primaria, los problemas de matemáticas del libro Alfa no están resueltos, están rayados con dibujos, a veces los veo y me acuerdo de lo que había pasado en ese momento, así que finalmente si aprendí algo.


En 4º la maestra Marthita me sentenció a ser un niño ejemplo, porque era paciente de mi tío, el Doctor Samuel, a quien ella consideraba una eminencia, “ojalá seas dedicado, educado y atento como tu tío” me dijo, pero en todo 4º no lo conseguí, cada vez que me regañaba, me decía "no eres como tu tío, te debería dar vergüenza", el mismo problema se repitió en otros años y con otros comparativos, después yo le heredaba a mi hermano David la mala reputación y él tenía que batallar para limpiar su nombre, por eso odio tanto los prejuicios y las comparaciones.


Ese mismo año llegó Nidia, no fue el primer día, pero si la primera semana, es una lástima que ni en facebook, twitter o aquí haya encontrado a tan pocos ex compañeros de primaria, porque seguramente confirmarían que fue nuestra Winnie Cooper o Kelly Kapowsky, un día la pusieron a cantar el himno nacional y lo cantó como los ángeles, otro día se enojó y habló como los camioneros, en las dos ocasiones todos nos quedamos con la boca abierta, así fue el contraste siendo ella de un abierto Veracruz y vista por unos conservadores potosinos.


Cuando entré a clases en 5º año, me tocó sentarme a un lado de la puerta, mero adelante y atrás de mí estaba una niña de nuevo ingreso llamada Rosario, nos hicimos muy buenos amigos y un día me defendió porque no me dieron un premio de un concurso de dibujo, después como es propio de la edad, yo dejé de hablarle para que no supieran que me gustaba, ya ven que en primaria eso es un crimen.


En ese grado tuvimos dos maestras, la primera no me acuerdo cómo se llamaba, la segunda era la maestra Lupe, una vez involuntariamente supo que los niños son de Marte y a ella le tocó ser Venus, Omar y Fernando estaban jugando no sé qué y cada uno tenía que girar como si fueran planetas hasta marearse, la maestra salió del salón y por no voltear a ver, rebotó en Omar y casi se cae, quien se lo manda por andar desafiando el espacio-tiempo llamado recreo.


Un día estábamos jugando fútbol con un bote de Frutsi relleno de papeles, cuando ya no sirvió, se nos hizo fácil agarrar una lata de jugo Jumex y seguir jugando, terminó el recreo y llegó un niño de 1º llorando y con un chipote gigante, la maestra le dijo que pasara a señalar quien le había hecho eso, mientras yo estaba con la vista puesta en un dibujo de la libreta pensaba “qué desgraciado fue el que le hizo eso al pobre niño, ojalá lo castiguen bien chid…” de pronto volteé al frente y el niño había llegado hasta mi lugar a señalarme. Era el primo de Rosario y eso fue el último clavo a la lápida de esa amistad, hasta la fecha no volvimos a hablarnos, aunque mejor dicho, no la he vuelto a ver.


El primer día de 6º llegamos a clase con el maestro Miguel, un tipo alto, flaco y bigotón, buena gente, pero me daba la impresión que él tenía sus broncas y estábamos muy al margen de sus ocupaciones, incluso de sus obligaciones, por lo que el salón se volvió Sodoma y Gomorra... bueno pues, es exagerado el comparativo, digamos que se volvió el viejo oeste para niños.


El grupito de gandallas que nunca falta en cualquier salón de educación básica que se respete, nos hizo ver nuestra suerte a las demás tribus escolares, una tarde, cuando veníamos Fernando y yo de las maquinitas, nos corretearon por la calle, nos alcanzaron, me quitaron los zapatos y los aventaron a la azotea de una casa… de tres pisos; así que después Fernando y yo tuvimos que subir hasta allá para rescatarlos.


En otra ocasión, “la olla”, un tipo gigante, gordo y de cachetes generosos, estaba fastidiando a Fernando, los demás se reían de lo que “la olla” le decía y cuando ese niño ogro pensó que la dosis diaria era suficiente, se volteó para salir de la fila, Fernando se levantó con un lápiz afilado al que todo ese rato le estuvo sacando punta y corrió a encajárselo en la espalda, “la olla” quedó tirado boca abajo sin saber qué había pasado, cuando sus amigos llegaron, se acercaron a felicitar a Fernando por haberlo “golpeado”, porque “ya se había pasado de sangrón”, “la olla” se quedó tirado e inmóvil hasta que alguien dijo “¡Ahí viene el maestro Miguel”, se levantó adolorido y se fue su pupitre sin decir una sola palabra.


El Tavo (Octavio) es quizá el amigo más noble que he conocido, es tranquilo, sensato, prudente, reservado y mide 1.90 desde que nació, siempre lo andaban buscando para los equipos de básquet; Julio, otro compañero del famoso grupo de “carrillas”, estuvo burlándose de él y otros compañeros nada más para pasar el rato, Tavo se levantó, lo agarró de la ropa y lo azotó contra la pared, enseguida Octavio se dio cuenta que se había transformado en algo que nunca había visto y lo soltó, Julio se quedó mudo. Para mi, el Tavo merecería una estatua en la escuela que dijera “el héroe de los oprimidos”, a mi me quedó claro que cuando Tavo da el manazo en la mesa, es que ya aguantó mucho, ahora lo veo muy poco, pero tiene todo mi respeto, no por su fuerza física y capacidad para infundir miedo, sino por su nobleza e integridad.


Ese mismo Julio recibió un borradorzazo del profe y otro día cuando estaba jugando básquetbol, al agarrarse del aro no se soltó bien, se cayó y quedó convulsionándose. Hace unos diez años me lo encontré, me pidió que le consiguiera alguien que le pudiera llevar serenata a su novia, casualmente unos días antes me había encontrado a Juan Manuel, otro ex compañero de la primaria que tocaba la guitarra, nos fuimos de gallo y todo salió muy bien, desde entonces, cada vez que nos encontramos me saluda muy afectuosamente.


Esa es la breve historia de mis primeros días en cada año de kinder de 1982 al 84 y primaria desde el 84 al 90 agregando anécdotas de otros días que sin saberlo en ese momento, significaron tanto para formarme el carácter, algún día contaré otras cosas que aquí no mencioné pero el recuerdo está fresco, cómo olvidar los honores a la bandera, los partidos de béisbol, la marcha de Zacatecas al regresar del recreo, las salidas a las maquinitas, el baile de graduación, las pláticas de la directora cuando entraba al salón a contarnos su vida, los días festivos, los días de vacaciones, las tardes de juegos en el callejón por la casa, en fin. Ya contaré esto en otra ocasión.


El kinder era el 20 de noviembre, la primaria donde estuve se llama Heroínas mexicanas (quisiera saber por qué escogieron ese nombre tan feminista), todas las calles en las que crecí como es común en México, tienen nombres de héroes patrios, Damián Carmona, Aquiles Serdán, Ignacio Altamirano, Mariano Matamoros, Coronel Espinosa, Ponciano Arriaga, Netzahualcóyotl, Pedro Montoya, etc. Sé que ni los héroes ni las heroínas nacionales son tan heroicos, pero sé que es la parte que debe cubrir el estado, el kinder conmemora la fecha de inicio formal de la revolución mexicana y la primaria honra a las féminas patrias, se supone que los héroes son necesarios para hacernos crecer y saber cómo podríamos resolver nuestros asuntos siguiendo su honorable ejemplo.


Hoy que la institución patria está tan lastimada, que los héroes nacionales están (para bien, creo yo) tan desmitificados, que siento vergüenza de lo que se ha convertido este país por nuestra propia indulgencia, estoy convencido que lo mejor que puedo hacer es honrar con la redacción de estos recuerdos a esos niños y maestros que me hicieron sentir una patria, que me dieron memoria y que me forjaron el carácter, después de todo, la personalidad se define en esa edad.


Me gustaría que hubiera más textos recordando momentos de la niñez, esa revisión al pasado es la memoria histórica que tanta falta nos hace para ser mejores y avanzar en la vida, ayuda recordar que no hemos sido tan nefastos, tontos, brillantes, inútiles, fieles, leales o nobles, invariablemente nos confirma que fuimos niños y en mi caso particular, uno muy feliz en esa época.

sábado, mayo 01, 2010

Entre héroes y heroínas (Parte 1)


Entre héroes y heroínas
Primera parte
Por: Daniel Ortiz Celestino
30 de abril de 2010

Me cuesta mucho trabajo contar cosas de mi vida, no porque sean buenas o malas, sino porque considero que lo mío es para mí, pero además, contar cosas mías es contar cosas de la gente con quienes las viví y tampoco me siento cómodo robándoles sus recuerdos, apropiármelos y ponerlos en una vitrina para que los demás los puedan ver.

Evidentemente eso es inevitable, por lo que cuando tengo las ganas, la necesidad o la ocurrencia, lo tengo que hacer para liberar un poco de energía y que genere otras cosas en mí, porque creo que los recuerdos se acumulan y nunca son suficientes, pero si no se mueven de vez en cuando, se enturbian y hacen daño, sean buenos o sean malos, recordar es voltearse a ver, quitarse las telarañas y volver a vivir.

Entre los recuerdos que conservo con mucho cariño, está cada primer día de clases que entré al kinder, a la primaria, a la secundaria y a la prepa, los tengo grabados como si todavía pudiera verlo, como si estuviera pasando permanentemente y, este día del niño, con la facilidad que da tener un mapa conceptual de representaciones de mi gente, que por no existir esta tecnología antes, ahora en facebook puedo tener acceso a todas las personas con la que hoy convivo en la inmediatez virtual, pero donde la inmediatez física se añora más.

Ya que el espacio-tiempo que vivimos se ha quedado en nuestras memorias, quiero contar nomás porque sí algunos detalles que hoy decidí relatar. La mejor argumentación que encontré fue el paso del tiempo y que esos niños que fuimos ya estamos más allá de la intensidad con que vivimos la niñez como para ocasionar molestias.

Tuve una infancia normal, con pleitos con mis hermanos, regaños de mis papás, peleas con mis amigos, exámenes reprobados, ridículos deportivos, decepciones amorosas, amores platónicos, juegos perdidos y descalabros físicos con hemorragias escandalosas. Todo lo que cualquier niño sano vive.

El primer día que entré al kinder, mi mamá me paseó de la mano por el salón de clases que estaba todo pintado de rosa, mesas y sillas, a todos los niños les habían puesto un gafete con su nombre, así que mientras encontraba una sillita para sentarme, mi mamá me leyó los nombres de todos los niños que alcanzó, había una niña llamada Licha, otra Coco, un niño llamado Gilberto, otro era Alvaro, otro Juanito, otra era Denys y terminé sentándome con el que fue mi primer amigo, Miguel.

Miguel y yo platicábamos mucho, vivíamos a pocas cuadras y a veces saliendo del kinder, lo invitaba a la casa a comer, a mis hermanos les caía muy bien y a mis papás les parecía muy simpático, era peleonero y orgulloso, de él aprendí el honor de la amistad un día que me defendió de otros niños del salón amarillo.

Después entré a la primaria, nos tocó en el mismo salón, 1º “B”, pero a mí hasta delante de una de las filas centrales, a lado una niña llamada Bertha y del otro lado, Caín, digo, Manuel, el primer niño odioso que conocí y ella la primera niña… la primera niña.

La maestra Georgina nos puso a hacer un círculo con la mano y Manuel le dijo que yo lo estaba haciendo mal, yo volteé a ver mi mano y según mi concepto del trazo y comprensión del espacio, los círculos imaginarios me estaban saliendo derechit… digo, redonditos. La maestra captó el problema “es que él es zurdo, por eso lo hace al revés”, le dijo al chismoso de Manuel.

En el salón estaban cerca de mi Omar, Francisco, Araceli, Anita, todos ellos, amigos míos hasta la fecha, además de Mariela, Greta, Vicente, Héctor, Rocío, Chuy, Chava, Víctor, Angélica, Maritza, y otros que, si mi percepción no me engaña, se los tragó la tierra como a los mayas.

El primer día de clases en 2º año llegó Asael, también el primer enemigo del buen Manuel, rivales hasta 6º año y con quienes oscilé mi amistad, tuvimos un equipo de básquetbol que siempre estuvo compitiendo fuertemente contra los mentados Pingüinos del “A” por no quedar en último lugar de los torneos, no siempre lo conseguimos. Hubo un partido donde Asael metió la canasta ganadora en un tiro libre de último minuto, no debieron haber sido más de 18 puntos los de nosotros y de 17 los del otro equipo, pero lo disfrutamos como los mejores tiempos de los Lakers del Magic Johnson.

Los juegos eran al principio de niños y niñas, jugábamos a atrapar niñas aunque no sabíamos qué hacer después con ellas, nada más corríamos, las alcanzábamos, las juntábamos en un lugar y… se acababa el juego. Lástima que en secundaria no se pudieran retomar esos juegos, ni qué decir a esta edad.

No debería decirlo con cierto orgullo, pero a la maestra Elizabeth me tocó darle unas patadas... (si ma´, “puntapiés” pues) en la cara, me había quedado a terminar un trabajo en el salón, cuando casi acababa el recreo salí corriendo a comprar unas galletas con salsa San Luis que vendían niños de 6º, uno cargaba la caja y daba las galletas mientras el otro manejaba el dinero y ponía salsa, cuando llegué a “la bolita” de las galletas, salió corriendo un niño y los dos chocamos, su cabeza contra mi mejilla, compré mis galletas y cuando me las terminaba, todos me empezaron a ver con mucha curiosidad.

Me molesté mucho porque me sentía animal de circo, pero no sabía que tenía un moretón enorme que me rodeaba todo el ojo derecho, mientras unos niños se acercaban riéndose por mi cara golpeada, otros se acercaban a querer saber si estaba bien, pero yo no escuchaba nada, había como 30 niños a mi alrededor, yo veía como 300 y como pude, empecé a golpearlos a todos, los niños salían volando hasta que entre varios, me llevaron con la maestra Eli, como pensé que me iba a regañar por andar de peleonero y como estaba enfurecido, le pegué y salí corriendo hasta el hall de la escuela, que era como la Meca, un lugar sagrado donde nadie podía subir, ahí me quedé viendo como los demás niños pedían quemarme vivo. Mi hermana, que estaba en 6º, llegó y en la dirección me tranquilizaron, los dos días posteriores no fui a la escuela.

El primer día de 3º de primaria, llegó un tal Fernando y otra horda de niños reprobados, Roberto, Arturo, Julio y el famosísimo Santos, el terror de generaciones. Los niños de 3º de secundaria le tenían miedo, de hecho, creo que también los papás, pero no la directora Toñita, una viejecita enérgica y con mucho oficio educada a la vieja escuela y cuyo régimen nos hizo formarnos muy bien, lo regañó varias veces. Entre las curiosidades que se me vinieron a la mente en este momento es que era obligación que nosotros mismos hiciéramos una carpeta de tela para forrar la paleta y el respaldo de los pupitres y no rayarlos, también nos exigía que hiciéramos un gafete diseñado a nuestro gusto pero con la mayor condición de que dijera “Ponga la basura en su lugar” hasta la fecha, no conozco a nadie que creciera bajo ese régimen que tire un papelito en la calle, aunque tal vez ese méndigo Santos... es que nunca aprendió.

Con Fernando, Omar y Francisco me junté mucho todo ese año, íbamos al cine con chamarras de pluma de ganso o gabardinas, según nosotros nos veríamos mayores y nos dejarían entrar, nunca nos impidieron la entrada, pero adentro del cine no aguantábamos el calor.

Los tres son mis amigos entrañables, he pasado miles de cosas junto a cada uno de ellos, desde platicas y bromas, pasando por conciertos, festejos, borracheras, persecuciones, tragedias, incluso peleas callejeras, proyectos laborales y muchas, muchas horas de juego, no se diga de videojuegos, con ellos aprendí a andar en la calle y a reírme de la vida, cuando los dejo de ver, sonrío menos.

viernes, abril 23, 2010

La valiosa ilusión

(O cómo ser bipolar en un solo texto)

Por: Daniel Ortiz Celestino

San Luis Potosí S. L. P.

México

Uno debería preferir siempre entre lo

imposible probable que entre lo posible improbable

Aristóteles[1]


El dibujo es el oficio que practico y que me sirve de base para realizar muchos de mis razonamientos sobre cualquier cosa, por lo que me parece importante para fines personales, iniciar buscando un posicionamiento como disciplina con el objetivo de generar un debate sobre lo que es el arte buscando un modelo hipotético para encontrar lo relativo de manera conciente y avanzando en la comprensión de estos términos mediante errores y aciertos.


Según wikipedia, dibujo significa tanto el arte que enseña a dibujar, como delineación, figura o imagen ejecutada en claro y oscuro, que toma nombre del material con que se hace. El dibujo es una forma de expresión gráfica, plasmando imágenes, una de las modalidades de las artes visuales. Se considera al dibujo como el lenguaje gráfico universal, utilizado por la humanidad para transmitir sus ideas, proyectos y, en un sentido más amplio, su cultura.


Es la disciplina que sustenta todo el arte gráfico, es debatible argumentar que pudiera ser cualquier disciplina artística, pero para fines prácticos quedará pendiente esa discusión, parcialmente el dibujo es la base de cualquier disciplina artística.[2]


Aunque es conveniente revisar la definición de cualquier término según modelos homogéneos para concensuar los planteamientos, también es conveniente tomar en cuenta la percepción, analogías o metáforas que hagan desde ciertos particulares hasta las culturas.


El dibujo consta de puntos y líneas, aunque prácticamente son la misma cosa, la línea es una sucesión continua de puntos interminables e infinitos, cada una tiene dos sentidos y una dirección y pueden ser de varios tipos. [3]


Mientras que para el artista Paul Klee, la línea es un punto que salió a caminar, para Christian Wolff la mano, expresa en sus movimientos, la realidad de lo que pensamos y sentimos en un lenguaje no verbal.[4]


El dibujo y la escritura tienen la ventaja de ofrecernos los aspectos más vivos y dinámicos de cada personalidad, registrados por el propio sujeto.[5]


Dibujar para mi es hacer cualquier cosa, mi mente traza líneas todo el tiempo para tomar rutas hacia alguna parte, desde concretar el rumbo de una plática hasta materializar una idea.


Puede maravillar ver una estrella en el cielo y saber que ese punto es una entidad viviente que seguramente ya ni está ahí e incluso tal vez en este momento ni exista, igual sorprende ver una playa dorada conformada por millones de diminutos granos de arena, cada uno contribuyendo a darle forma a la costa y todos alternando la superficie con las olas del mar.


La superficie es además del punto y la línea, otro elemento dentro del dibujo, para Wassily Kandinsky, el punto es la ínfima forma temporal[6], o sea que la superficie no es necesariamente el plano inmóvil, sino el espacio-tiempo, es decir que un punto inmóvil en el espacio-tiempo, representa una línea y la sola percepción de este hecho genera un dibujo.


No es de extrañar que desde la prehistoria, los hombres representaran en los techos y paredes de las grutas lo que consideraban importante transmitir o expresar y esto deviniera en mostrar que quienes pudieran mostrarle a los demás aquellas representaciones, fueran respetados y elevados a categoría de súper hombres, los elegidos por las deidades o como en el caso de Prometeo, los desafiantes de los dioses y benefactores de la humanidad.


El proceso tradicional inicia cuando la punta de un lápiz toca el papel, cuando un punto se convierte en línea y éstas van ocupando su lugar en la superficie, en el espacio, es la forma más inmediata de ejemplificar el principio de la teoría general de la relatividad sobre la materia que no se crea ni se destruye, sólo se transforma.


Este fenómeno genera códigos y lenguajes que para ser comunicados y ampliados, deben ser entendidos por los demás, este proceso es del que se encargan los comunicadores, que pueden ser personas encargadas de diferentes disciplinas, los oradores, los escritores, los músicos, etc. Aunque antes, como seres visuales, quienes materializaran una idea y la hicieran visible ante los demás, eran quienes podían generar con mayor facilidad la comprensión y difusión de dichos códigos, los hombres que contribuían a mostrar una visión abstracta de lo real, pero tangible en tanto estaba trazada en una superficie, eran los traductores de lo inexplicable, yo los llamo los dibujantes, porque es mi ensayo, alguien los llamará diferente, el más conciliador diría que son los artistas o los comunicadores, pero como estoy tratando de desarrollar una idea, me daré esa licencia creativa, prometo que no serán muchas sin justificación.


Contrario a lo que se enseña sobre la igualdad de todos los hombres ante la ley, ese principio es difícil conciliar en esta época en que todos buscamos ser diferentes, las leyes del hombre son inconciliables con sus diferencias, las características congénitas de cada quien y eso es impedimento para que todos las respeten de igual manera, los verdaderos artistas, los científicos y los magos no sólo tienen la tendencia a no seguirlas, sino que en la práctica, quien pretenda hacer algo diferente tampoco debe respetarlas con el mismo rigor.


Al decir leyes del hombre no quiero diferenciarlas de las leyes de dios, sino de las leyes de la naturaleza, esas no las pueden violar los hombres, tal vez los extraterrestres o los súper hombres, -no creo que haya por qué pedirle a Superman que no vuele o que no sea súper fuerte. En cambio, los hombres que sí vivimos en el mundo real -o sin importar de las percepciones de mundos reales pero si bajo una sensación de realidad en tanto lo inmediato en tiempo y espacio de varios individuos nos afecta los unos a los otros, que somos a razón de más del 99% de la población mundial (supongo, porque en mi capricho personal quiero dejar abierta la posibilidad de que haya efectivamente algún súper-humano, -efectivamente, lo sé, otra licencia creativa).


Mi planteamiento e intención del ensayo es aún una difusa pero entusiasta teoría descriptiva, busco choques y contradicciones mientras redacto el texto, inevitablemente sustento al tiempo que intuyo cuestionamientos que de no colocar conceptos con pegamento, se caerán como la primera casa que sopló el lobo feroz, pero igual avanzo, es mejor ser cazador que presa cuando se busca algo.


Mientras, el hombre común, tiene que conformarse con la cotidianeidad, con la rutina, con el orden, porque así es como podemos vivir en sociedad, también quien la desestabilice tendrá que ser atendido por los aparatos represivos del Estado, si alguien se cansa de la rutina y quiere salir a destruir edificios públicos, el Estado se encargará de “reincorporarlo a la sociedad”, si alguien quiere caminar por la calle sin ropa, el Estado a través de la policía, se encargará de corregir esa falla o alteración al sistema.


El ser diferente sólo es un privilegio plenamente reconocido en ciertas áreas y bajo ciertas condiciones, como el deporte, una persona puede ser la mujer más rápida del mundo, pero si parece hombre, como la Sudafricana Caster Semenya, si rebasa cierta “normalidad” como por ejemplo, que tenga músculos muy desarrollados, que le salga vello corporal o incluso el caso extremo e impensable como ser hermafrodita, pues ya no está bien visto aunque sean condiciones con las que haya nacido predispuesta genéticamente.


En cambio, si hay que ser como Michael Jordan o Pelé, excelentes atletas haciendo hazañas deportivas como ganar montones de partidos en el último segundo o llevar a sus equipos a coronarse en campeonatos mundiales, pueden hacer cualquier cosa y todos esperaremos esos momentos de genialidad donde nos hagan mostrar lo diferentes que son de la gente común y a dónde deberíamos aspirar esos comunes y corrientes ciudadanos, pero hay un acuerdo de facto entre los deportistas más sobresalientes y el resto del mundo…


Los atletas deben mostrar que son los mejores, que nada los detiene, que pueden con todos los retos porque para eso están ahí, pero jamás deben mostrar lo extraordinariamente especiales que son fuera de la cancha, en la vida real. Ahí tienen que ser como cualquier persona, en el fondo lo son, digo, nada más llevan al máximo sus cualidades deportivas con años de preparación, pero después de los halagos, los gritos, las efusivas ovaciones que en cada partido les profesan los aficionados, ahora resulta que tienen que ir de compras como cualquier persona, firmar autógrafos con toda humildad y demostrar que fuera de la cancha son mejores personas que los demás siendo condescendientes para sublimar sus cualidades.


Así que el día que se hartan de esa complacencia y simplemente mandan al diablo a su público porque son diferentes y ven como una clara prueba que a ellos si los vitorean, pagan por ir a verlos jugar (y divertirse haciéndolo), les piden autógrafos y en cambio al resto del mundo no, los demás tienen (tenemos, dijo mi conciencia mártir) que soportar su rutina de trabajo haciendo cosas que no les gustan sólo para tener un poco de dinero, pues… Ergo, son diferentes, Ergo, no hay por qué portarse igual que el resto de la sociedad, al fin y al cabo, sin ellos la sociedad no tendría esos momentos de bienestar, al menos ese es el razonamiento que deduzco por la actitud de varias de estas celebridades.


Y ese ejemplo que empecé con el deporte, pasa en cualquier ámbito, el mejor ejemplo que se me ocurre es Michael Jackson “Es un gran entretenedor, pero es un monstruo que coge niños” escuché muchas veces antes de su muerte, otros casos similares son Elvis Presley, Marlon Brando, Maradona o Tyger Woods, cada uno con sus adicciones complementando sus exitosas carreras.


Aunque estoy tratando de enfocarme en el papel del dibujante, esto aplica a cualquier manifestación artística, sólo planteo que el dibujante es igual una persona que traza líneas con grafito que uno que lo hace con los pies o con sonidos, pero que los amantes de esas disciplinas lo justifiquen desde su ámbito, ya bastante trabajo me cuesta argumentar desde el mío.


Hay un oficio que está por encima de todos en cuanto a su encanto y fascinación histórica y espectacular y es característica de todas las personas que hacen cosas diferentes a los demás, que llevan a otra condición los estándares, es el mago y la magia.


Decimos que Michael Jordan volaba en sus partidos, o que Pavarotti cantaba en el escenario como los dioses, que Michael Phelps nadaba como tiburón en las pasadas olimpiadas, todas hazañas superiores para cualquier hombre, más acercadas a lo sobrenatural, a la magia. El truco está en modificar la apariencia de las cosas, en la representación, en el simulacro y las simulaciones.


Los magos siempre han sido las personas diferentes de la sociedad, siempre han sido quienes muestran cosas extraordinarias al resto del mundo, eventos sin explicación que después de asustar, generan la admiración del público.


La magia es el espectáculo más antiguo del mundo, siempre usado en base a la razón, la ciencia, lo mundano y el arte. El funcionamiento del mago es más o menos así.- El mago razona algo, busca una explicación, lo ubica dentro de la realidad, piensa cómo se aplica a su entorno, si es de utilidad para él y el resto de la sociedad, después, lo cuenta de forma transformada simulando otra cosa. Aunque nunca le dice cómo ni para qué funciona y puede ser aprovechado por la gente, cosa obligatoria para otros trabajos.


La máxima es “Un buen mago nunca revela sus secretos”


La principal pregunta es ¿Cuál es el objetivo de la magia?


Según la película de Christopher Nolan, The Prestige (el gran truco) [7]todo gran acto de magia consta de tres actos.- La promesa: El mago muestra algo ordinario, pero como es de esperar, probablemente no lo sea. El Giro: El mago hace que ese algo, realice algo extraordinario. La Prestidigitación: Es la parte en la que ves algo que jamás has visto antes.


Al final del día, el mago[8] hizo su espectáculo y satisfizo a la audiencia, pero la magia tiene que ser un acto temporal, enseguida, el público tendrá que regresar a su casa y continuar con su realidad cotidiana, en la que el mago es inútil, es sólo un ilusionista que no modifica la realidad con su trabajo, sino que muestra una alteración de esa realidad, otra representación de las cosas, una alternativa donde el espectador puede aspirar o no, donde la mente del público cumple con lo acordado se deja engañar a condición de mantener su razonamiento y sus cinco sentidos al tanto del acto de magia.


Un buen mago podrá no tener la utilidad de un zapatero, de un carpintero o un legislador, pero al contrario de cualquier otro oficio, siempre busca un público inteligente y nunca lo subestima, para ser el mejor, necesita ser el más perfeccionista y cuidar hasta el mínimo detalle, debe tener conciencia que las fallas implicarían sólo dos opciones, el fracaso total del acto o un repentino y enorme acierto que enriquezca su labor.


El mago puede jugar a equivocarse, pero al final del acto, no debe mostrar ninguna falla. La prestidigitación es lo más importante para el mago, el ser reconocido por engañar a los demás es lo que lo hará trascender.


Cuando la perfección es absoluta, no hay nada qué arreglar y todo está para destruirse, los oficios tradicionales buscan componer todo lo que como sociedad vamos destruyendo o que como entes finitos, tenemos que renovar, arreglar o sepultar, el mago es quien conoce mejor los extremos de lo perfecto y de lo imperfecto para jugar con la entropía y mostrar a la gente el orden donde no lo hay o el caos donde no pasa nada, pero si físicamente este acto altera sus vidas, entonces no existe la magia.


El ilusionista no sólo es quien está altamente preparado, también puede ser un completo ignorante, (aunque no disfrutará el engaño que hace sobre los demás sin el conocimiento adecuado) eso sólo aplicaría la primera vez, después de ver la reacción del público, comenzaría a buscar explicaciones. Siempre es alguien en proceso de formación, pero el acto de magia no podría ser de alguien poco preparado, ese es un charlatán, un mediocre o un estafador, el mago muestra un engaño, nunca estafa a nadie porque eso es afectar la realidad del espectador y repercutir materialmente en la vida de otros fuera del acto de magia.


El objetivo del mago es generar la ilusión, mostrar otra posibilidad de la realidad, el objetivo no es convertir las cosas en oro, es generar la ilusión de que lo hay, así tal vez, él tendrá el oro que necesita para vivir, no necesariamente el oro como metal tangible, sino la ilusión del oro que provoca en los demás al engañarlos consintiéndolo.


Poniendo como ejemplo, un tipo legislador, que es quien hace las leyes que nos rigen como sociedad, dirá que si se ve como oro, brilla como oro y se siente como oro, es oro. Mientras que un mago dirá “si se ve como oro, brilla como oro y se siente como oro, puede pasar por oro”. El legislador podría concretar su deducción con una iniciativa de ley que diga todo lo que brilla es oro, mientras que el mago tendrá su próximo espectáculo donde muestre una efímera riqueza de mentiritas para después replantear otra forma de volver a mentir con lo mismo de forma diferente.


Eso precisamente es lo que conecta al arte y a la magia, son lo mismo, por lo tanto el fin máximo del arte es la riqueza, el dinero, antítesis del arte del que hablaré en otra ocasión si no es que cambio de parecer al respecto. [9]


Hay en todo esto escrito, una fuerte y descarada intención de saltar de un tema a otro y mostrar ejemplos concretos desde diferentes perspectivas, lo cual obedece a un propósito más estructural de lo que quiero decir, que es hablar de lo que conozco, soy producto de una época y cultura donde inmediatamente después de salir de un edificio de hace 300 años, puedo ver al mismo indigente en la calle que se podría ver hace veinte años en cualquier ciudad, pasar al lado de un McDonalds que no existía hace 30 años y comentar ambas cosas por twitter que no existía hace cinco años, incluso que me conteste un tipo que no conocía hace diez segundos.


En esta cultura híbrida, -seguramente más que nunca a diferencia de cualquier época pasada, se siente más la posibilidad de que cualquiera pueda hacer magia, de que cualquiera pueda modificar las cosas mediante su discurso, mediante sus procesos de comunicación, paradójicamente y por esencia propia de la magia, también pasa todo lo contrario, como la mujer que después de ser introducida en una caja ante nuestros ojos es partida a la mitad y clavada con espadas para salir ilesa así uno entra en esta época donde se puede cambiar en apariencia pero sólo es un espectáculo donde todo permanece y aún así sigue la posibilidad de transformar la realidad.


Dice Néstor García Canclini “…la música tecno y los recitales de rock envolventes, con altísimo volumen, así como el walkman que nos aísla del entorno local-cotidiano, ofrecen al mismo tiempo, en muchos lugares, esta experiencia de habitar intensamente “lo real” en su sentido más concreto y próximo”. [10]


También me dijo un amigo hace años “La televisión por cable hace más informada a la gente culta y más (…)tontos a los ociosos” Si este ejemplo de la televisión, lo aplicamos a cualquier medio de comunicación actual, funciona bajo el mismo principio, sin embargo en esa paradoja está la oportunidad, en esa disyuntiva se pueden cambiar las cosas, podemos, por arte de magia, dibujar mejores presentes, nunca el pasado ni el futuro, el tiempo y espacio daría las líneas, somos un punto en el universo que se moverá en el espacio-tiempo para hacer dibujos con nuestra existencia, en esta hibridación, somos hombres y dioses.


Si el objeto simula la presencia del objeto, quien decodifica y comunica es el autor del simulacro, es el significador; quien al momento de generar un objeto o experiencia estética es el artista o mago genera una simulación, no importa cuántas veces lo reproduzca, si se convierte en un objeto para las masas o un acto efímero después de un primer ensayo, aplica lo que menciona Gilles Deleuze.- “la copia sólo se parece verdaderamente a algo en la medida en que se parece a la Idea de la cosa...”[11]


En el texto En la frontera: Verdades y ficciones de Pedro Meyer[12] menciona que “La idea es captada en su instantaneidad”, como prueba de que “la única manera de comunicar una idea directamente es mediante un icono; y todas las maneras indirectas de hacerlo deben depender, para ser establecidas, del uso de un icono. Consecuentemente, toda aserción debe contener un icono o un conjunto de iconos, o de lo contrario debe contener signos cuyo significado sólo pueda explicarse mediante iconos”


Estos actos de representación mediante iconos ocasionan hechos estéticos, cuya apreciación y apropiación no es posible sin un consenso de uso común en el ámbito de la interpretación.


El arte debe sobrevivir a la terceridad[13] para ser reconocido y legitimado, como Superman al cruzar el cielo de Metrópolis mientras la gente grita “¡Es un pájaro…, es un avión…, no, es… Superman!”


Si Superman fuera en realidad un hombre y volara, tuviera súper poderes y combatiera villanos, podría ser un aparato utilitario con forma humana que al ser identificable, representaría un icono común para la ciudadanía que lo viera, su valor estético como hombre que lleva más allá sus capacidades y además ayudara a los demás, sería una realidad, pero no habría lugar a la interpretación, sería pues, un hecho concreto.


En cambio el Superman de los cómics es un concepto, una representación de un hombre con poderes y cualidades más allá de lo ordinario, en el contexto de un lenguaje gráfico y atemporal de lectura heterogénea en un medio específico como el cómic.


Finalmente el Superman del cine es el más identificable de las tres posibilidades, un actor que representa el mismo concepto de los cómics, pero que por ser trasladado a un medio más verosímil a nuestra cotidianeidad y nuestro espacio-tiempo, lo podemos asimilar más fácilmente.


Lo curioso es que el Superman que conocemos en la realidad y que llamamos “el original”, es el Superman de los cómics, el que es una representación de un ideal, o sea el que no existe en carne y hueso, el que puede ser personificado por cualquier actor, dibujado por cualquier dibujante y abstraído por la imaginación de cualquier persona, es entonces, quien lo represente mejor para la sociedad, el simple dibujante, escritor, escultor, actor o cineasta, el mago posmoderno cuya obra tiene por característica esencial y cualidad específica no modificar el contexto de manera material, que ni una novela, película, pintura, música, videojuego o cómic, ni lo que se cuente en esos medios, modifique las cosas tangibles hacia el ámbito utilitario, el cambio está en la percepción de las cosas desde el punto de vista del receptor.


El truco es que no hay truco, por supuesto, en una obra de arte como en un acto de magia, no hay modificación de la realidad, la buscamos percibir distinto a la cotidianeidad pero todo cambia en la ilusión que nos permitimos para seguir igual pero acumulando experiencias diferentes que nos hagan modificar la forma de hacer las cosas. El truco es que no hay truco, arte y magia no son lo mismo, todo el texto he tratado de engañarme para encontrar algo más partiendo de un pretexto comparativo y tal vez haya conseguido un monstruo poliforme como la misma posmodernidad, lleno de significados pero sin un sentido claro homogéneo.


Al mago no le debe importar hacer las cosas malas que parezcan buenas, si desaparece un escuadrón del ejército, lo volverá a aparecer antes de ser capturado como prisionero de guerra por el ejército, una vez regresado todo a la normalidad, el acto estará consumado.


En cambio el artista (ahora si me refiero a cualquier disciplina) aparecerá representaciones de otro ejército, desparecerá el que está, generará representaciones inútiles de cosas cuestionables para el funcionamiento del sistema, podría ser arrestado, podría volver todo a la normalidad, podría cambiar las cosas, pero al final, el cambio no será en ese tiempo ni espacio, pero será; pues los actos y las obras encontrarán un significante que altere las probabilidades y las materialice.



[1] el libro completo de las leyes de Murphy, Editorial Diana 2008

[2] http://es.wikipedia.org/wiki/Dibujo

[3] http://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%ADnea

[4] http://www.grafologiauniversitaria.com/libro_vels.htm

[5] Dibujo y personalidad, de Augusto Vels http://www.grafologiauniversitaria.com/libro_vels.htm

[6] Punto y línea sobre el plano, Kandinsky Wassily. Ediciones Coyoacán 2007

[7] The Prestige (2006) Nolan, Christopher http://www.imdb.com/title/tt0482571/

[8] Es curioso que ni en las películas de El Ilusionista -The Illusionist (2006) http://www.imdb.com/title/tt0443543/ ni El gran truco lleven en el título la palabra mago, debe ser por el cuidado a no mezclar el significado con su relación hacia la hechicería, la brujería el vudú o el chamanismo.

[9] Pretendo abordar este aspecto en algún ensayo posterior, pero me parece inevitable mencionar esto aquí.

[10] La globalización ¿productora de culturas híbridas? De García Canclini Néstor.

[11] http://www.henciclopedia.org.uy/autores/Bortagaray/Meyer8.htm

[12] http://www.henciclopedia.org.uy/autores/Bortagaray/Meyer1.htm

[13] Braudrillard Jean, Cultura y simulacro.